EL AVISO (ILUMINACIÓN DE CONCIENCIA) ESCRITO POR PADRE PHILIP BEBIE

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EL AVISO Padre Philip Bebie (PDF)

EL AVISO

(ILUMINACIÓN DE CONCIENCIA)

ESCRITO POR PADRE PHILIP BEBIE

EL AVISO

Para ser leído como si El Aviso

Acabara de llegar

Publicado con Permiso Eclesial

Por el Padre Philip Bebie, C.P.

(Congregación de los Pasionistas)

EXPLICACIÓN DEL LIBRO

Una gran lucha entre el bien y el mal está sucediendo. El Papa Pablo VI no dudó en llamarlo “Apocalíptico”.

El resultado final de esta lucha nos fue contado específicamente en Fátima: Habrá un triunfo del amor… un triunfo del Inmaculado Corazón de María… “Rusia se convertirá y se otorgará una Era de Paz a la humanidad”.

Antes de ese triunfo podemos tener un Terrible Castigo en el que “varias naciones enteras serán aniquiladas”.

Según Garabandal, Medjugorje, etc., para hacer posible que el Mundo evite ese castigo, la Reina de la Paz nos ha obtenido LA ADVERTENCIA

Los Santos profetas (St. Edmond Campion, Beata Anna María Taigi) predijeron esta misma advertencia al comienzo de las catástrofes religiosas históricas: los conflictos de la Reforma (St. Edmond) y el surgimiento del Marxismo (Bl. Anna María) que han traído a nuestro Mundo a su estado actual de alejamiento de Dios.

En el momento de la publicación de este libro en 1986, el Padre Bebie (que escribió esto en 1981-82) sufría las etapas finales de un cáncer terminal que, para sorpresa de sus médicos y, sobre todo, de él mismo, todavía no había tomado su vida. Anteriormente había confiado el manuscrito a un amigo para que se publicara cuando ocurriera la Advertencia o Aviso. Durante una visita de “adiós o despedida” a principios de 1986… poco después de haber regresado de una unidad de cuidados intensivos del hospital, se decidió que la publicación después del Aviso, podría no ser efectiva. Puede que sea demasiado tarde para que la gente sepa la importancia de lo que les acaba de pasar a ellos… ¡y al Mundo!

LA IMPORTANCIA DE ESTE AVISO NO PUEDE SER EXAGERADA

Será un acto de Dios… un acto de Su Misericordia. Ya sea que el Mundo evitará la aniquilación de varias naciones enteras, todo dependerá de cómo cada uno de nosotros reaccione ante este acto de Su Misericordia.

En un momento en que el Mundo ha perdido su sentido del pecado, de repente nos veremos como Dios nos ve. Reconoceremos nuestros pecados.

SI RECHAZAMOS ESTE ACTO DE MISERICORDIA… si luego persistimos en nuestros pecados… ¿no mereceremos ver al Mundo entero purgado con fuego… o por cualquier castigo que elija la Justicia Divina?

Es posible que muchos rechacen la Advertencia o Aviso por ignorancia.

Es por eso que parecía prudente y aconsejable hacer que este libro esté disponible con anticipación, confiando a quienes lo reciben, la responsabilidad de comunicarse con periódicos, televisión, radio, líderes de la Iglesia, funcionarios del gobierno, en una palabra, a todos los que serán capaz de informar al mayor número de personas lo que significa la Advertencia o Aviso tan pronto como suceda. Puede estar a un año de distancia. Puede suceder mañana. Hay muchos indicios de que llegará pronto.

NOTA: El Padre Bebie murió en 1986, cuando, en ese momento, este pequeño libro (escrito por él en 1981) se estaba imprimiendo.

PREFACIO

La Beata Anna María Taigi habló de un gran castigo que vendría al Mundo ante el cual habría una iluminación de la conciencia de los hombres por la cual de repente todos se verían a sí mismos como Dios los ve. Ella indicó que esta iluminación de conciencia resultaría en la salvación de muchas almas porque muchos se arrepentirían como resultado de esta “Advertencia”… este milagro de “auto-iluminación”.

Beatificada en 1920 como modelo de mujeres y madres, Anna María Taigi no solo fue una profetisa de nuestro tiempo, sino una de las místicas más extraordinarias de la historia de la Iglesia.

Desde el momento en que tenía 20 años, hasta que murió a los 63 años, la Beata estuvo acompañada de una Luz misteriosa en la que vio eventos pasados, presentes y futuros … algunos relacionados con las luchas entre las naciones; algunos relacionados con almas individuales. La Beata Anna María miró esa Luz solo cuando sintió un impulso interior… una especie de dirección de Nuestro Señor y el Espíritu Santo… para hacerlo. Y por lo general, cuando miraba esa Luz, se le pedía que ofreciera un sufrimiento especial para una necesidad especial en la Iglesia o en un individuo. En esa Luz, Anna María vio venir un gran castigo sobre el Mundo en el futuro… pero al mismo tiempo una gran bendición: “La Advertencia o Aviso”, que sería una iluminación de las conciencias de los hombres, como si de repente a cada hombre se le diera el mismo tipo de Luz que la acompañaba… en la que se verían a sí mismos como Dios los ve.

Es interesante que 300 años antes de la Beata Anna María, esta misma revelación fuera dada a St. Edmund Campion, quien fue a su muerte afirmando la misma profecía. Uno tiene en cuenta las profecías del Antiguo Testamento… algunas de las cuales fueron cercanas a la época de Nuestro Señor, y algunas de las cuales fueron cientos de años antes. Y nadie supo con exactitud cuándo se cumplirían esas profecías. Pero ahora tenemos razones convincentes para creer que esta profecía de la Advertencia y el Castigo … que hemos escuchado de los labios de varias personas buenas y Santos canonizados … tendrá lugar muy pronto, ya que recordamos que San Juan Bosco, un auténtico profeta de nuestro tiempo, Nuestra Señora le dijo que obtendría una victoria para el cristianismo antes del año 2000, que sería mayor incluso que la victoria de Lepanto (que en 1571 fue un punto de inflexión en la historia del Mundo sobre probabilidades aparentemente desesperadas).

El padre Philip Bebie, un sacerdote Pasionista que se hizo famoso a nivel nacional por su libro “Proclamen su nombre” (Prensa A.M.I) fue miembro fundador de una Casa de la Soledad Pasionista y fue Administrador de las dos primeras conferencias de Sacerdotes Carismáticos en Steubenville, Ohio (1975 -1976). Luego predicó Misiones Parroquiales hasta su enfermedad (1983).

El año 1985 fue el año del jubileo (25 años) de su sacerdocio. Durante este reciente tiempo de gracia, el Padre Felipe se convenció de que la Advertencia anunciada (y al mismo tiempo, un Gran Milagro de Gracia) encontraría a la mayoría de las personas sin preparación. Sintió la necesidad de explicar las profecías de Garabandal para que, cuando el Mundo experimentara la Iluminación de la Conciencia, la gente supiera mejor lo que significaba y estuviera preparada para el Gran Milagro.

El padre Philip comenzó este libro en octubre de 1981 y lo completó el 1 de enero de 1982. No tenía la intención de que se publicara hasta después de que ocurriera la Advertencia. Pero compartió el manuscrito con algunos amigos. Uno de ellos permitió que el propio Padre Philip imprimiera el manuscrito para que estuviera listo para su impresión y distribución inmediata cuando ocurriera la Advertencia.

Cuatro años después, el propio padre Philip estaba muriendo de un estado avanzado de cáncer de hígado. Y mientras pensaba constantemente en su muerte inminente, también comenzó a sentir la posibilidad de que él mismo aún pudiera estar vivo para experimentar la Advertencia y el Gran Milagro que vendrá. Entonces se le ocurrió a algunos de sus amigos que, dado que el tiempo previsto entre la Advertencia o Aviso y el Gran Milagro sería menos de un año, sería mejor tener algunas copias de este libro impresas por adelantado y en manos de al menos algunas personas en diferentes partes del Mundo para que esté más fácilmente disponible si es que y cuando estas profecías se cumplieran realmente. Debe tenerse en cuenta que este libro está destinado a ser publicado generalmente solo después de la Advertencia. Por esa razón, parece que el lector al leer el libro, ya hubiera experimentado el milagro de la Iluminación de la Conciencia. Incluso si se lee antes de la Advertencia, creemos que será de gran interés y edificación para todos los que lo lean.

Pueden pedirlo a la Fundación 101 acerca de
– El Milagro de Garabandal-

Precio de este Libro $us 3.-

Llame: 908-689 8792 o escríbanos a:

The 101 Foundation, Inc.
P.O. Box 151
Asbury, NJ 08802-0151

Este libro no anticipa el juicio de la Iglesia sobre los eventos de Garabandal. Está destinado a su publicación solo DESPUÉS de que la profecía principal final de Garabandal – La Advertencia o Aviso – ya haya tenido lugar.

Para estar preparado para ese evento, se distribuye un número limitado de copias por adelantado. No se venden. Sin embargo, se agradecería una oferta de franqueo (deducible de impuestos) que será apreciado.

Impreso con permiso del Superior Eclesiástico.

*** (TENGA EN CUENTA: QUE LOS NÚMEROS DE LAS PÁGINAS SE HAN QUITADO PORQUE NO APLICAN A ESTA VERSIÓN DEL FOLLETO).

CONTENIDO

Prefacio..……………………………………………………………………

Introducción: Hemos sentido la Advertencia o Aviso……………………….

HOY

(La Advertencia o Aviso)

Capítulo Uno: La Advertencia o Aviso.……………………………………….

La Advertencia … predicha por Nuestra Señora del Monte Carmelo … fue como la conversión de San Pablo … nos hizo conscientes de Dios … nos muestra nuestros pecados … fue una muestra de la eternidad … fue una Misericordia de Dios … es una señal del futuro … es una intervención directa de Dios … nos llama a elegir … nos llama a prepararnos para el Milagro … es inseparable del Milagro.

AYER

(Advertencias pasadas de María)

Capítulo Dos: Revisión de las Apariciones Marianas……………………

París 1830… La Salette 1846… Lourdes 1858 … Fátima 1917 … Garabandal 1961.

MAÑANA

(Después de la Advertencia o Aviso)

Capítulo Tres: El Milagro………………………………………………..

Una persona conoce la fecha … una persona lo ha visto … millones lo verán … será una revelación … será Eucarístico … será Eclesial … será Mariano … convertirá el Mundo … será Sacramental … será una Advertencia … será para la Gloria de Dios

Capítulo Cuatro: El Castigo …………………………………………

Tendrá lugar después del Milagro… será directamente de Dios… purificará la Tierra… será el último castigo… no será el fin del Mundo… no será consciente… nadie escapará de él.

Capítulo Cinco: El Signo Permanente ……………………………….

Un recordatorio del Mensaje… nos llama a la Santidad… nos señalará hacia el Cielo… protegerá la Era de Paz.

EL DÍA SIGUIENTE

(El Triunfo)

Capítulo Seis: Triunfo del Inmaculado Corazón…………….

“Mi Inmaculado Corazón triunfará”… es la victoria sobre el mal en los corazones… ya ha comenzado… Glorificará a María… será un evento de conversión.

Capítulo Siete: ¿Qué acelerará el triunfo? ……………………….

Se ha retrasado… la Oración lo acelera… la Penitencia y la Reparación lo aceleran… la Enmienda de la vida lo acelerará… La Consagración lo acelerará.

Capítulo Ocho: Consagración y Devoción al Inmaculado Corazón……………

 La Consagración es una forma de Devoción… la Consagración es una cuestión simple… La Consagración nos abre al Poder de Dios.

Capítulo Nueve: La Era de la Paz …………………………………….………

 “Habrá paz”… La Era de la Paz espera el Triunfo … La Era de la Paz puede llegar pronto.

LOS NUEVOS TIEMPOS

(La Evangelización del Mundo)

Capítulo Diez: “Todos amarán nuestros corazones………………………….

El Mundo entero se convertirá … esto ha sucedido ya antes … una Evangelización del Tercer Mundo comenzará pronto … la Iglesia se está preparando … el Mundo entero será Evangelizado … La Advertencia preparó a la Iglesia para la Evangelización … las Iglesias serán reunidas … Dios nos unirá … Rusia se convertirá … la Nueva Iglesia será humilde … la Iglesia reunida será el signo de la evangelización … la conversión lleva tiempo … ¿cómo será la nueva Iglesia de la Era de la Paz?

Conclusión: Esperamos el Milagro ……………………………

INTRODUCCIÓN

 Hace poco tiempo atrás, abruptamente, todo en la tierra sintió la intervención de Dios. A cada uno de nosotros le reveló los secretos más íntimos de nuestro corazón. Su luz inexorable chamuscó nuestras conciencias y nos mostró a nosotros mismos como en un espejo impecable. La verdad era vívida en nuestras mentes. Vimos la terrible plaga de nuestra pecaminosidad, el dolor insoportable de ello y supimos en un instante cuál sería nuestra eternidad por esa pecaminosidad. La Misericordia del Señor eliminó toda pretensión. Por su intromisión Misericordiosa, nos conocimos a nosotros mismos, ¡oh, cómo nos conocimos a nosotros mismos, en Su Luz! Y Sentimos la Advertencia.

Hace más de veinte años, lo había predicho la Madre de Dios, quien nos comunicó su mensaje a través de cuatro niñas de un pueblo montañoso de Garabandal, España, remoto y rudo, rocoso y alto entre las nubes. El mensaje también era claro, y no era realmente nuevo en contenido. Porque lo había estado repitiendo generación tras generación mientras visitaba un lugar tras otro durante lo que ahora es un lapso de ciento cincuenta años. Sin embargo, en este momento lo había dicho con especial urgencia. El tiempo se acababa. Estas serían las “últimas advertencias” que recibiría el Mundo. Las personas tendrían que cambiar sus vidas y dejar de ofender a Dios, o de lo contrario sufrirían las consecuencias más terribles.

Los cuatro niños que La vieron fueron informados de grandes eventos que abrumarían al Mundo. Estos acontecimientos debían suceder, por la gran Misericordia de Dios, para que todo el Mundo se convirtiera. Traerían la conversión de la humanidad. Pero a menos que escuchemos el mensaje y cambiemos pronto, esto sucedería solo después de un gran sufrimiento.

Ella les habló de “El Aviso o Advertencia”, una “corrección de la conciencia del Mundo”, que todos experimentarían como una especie de desastre en sus vidas, pero ninguno de ellos moriría, excepto quizás por la conmoción que algunos tendrían. También les habló de un “Gran Milagro” que el Señor obraría en Garabandal para que todos creyéramos, pero no permitiría revelar la hora exacta en que esto sucedería (aunque una de las chicas sabe en que fecha y debe anunciarlo ocho días antes de que suceda). Finalmente, ella les reveló “El Castigo”, que descendería sobre nosotros “Directamente de Dios”, si las personas no se arrepintieran a tiempo para evitarlo.

El castigo debe ser evitado. Debido a que el Señor quiere protegernos de ello, nos da la Advertencia y El Milagro. Están destinados a ayudarnos a responder al mensaje de María para que podamos evitar el Castigo por completo. Debemos entender qué hacer para ser salvos, y luego debemos hacerlo. Nuestro destino pende de un hilo. Habrá paz, Nuestra Señora de Fátima ha prometido que inevitablemente llegará. Lo que hagamos entre ahora y esa “Era de la Paz” determinará si el Castigo primero tendrá que ser sometido o no.

Pero por ahora, sabemos que El Aviso o Advertencia ha perforado nuestros corazones. Lo hemos conocido ahora con mayor claridad que cualquier otra cosa que se haya conocido. Debemos prestarle entonces atención y mirar nuevamente los repetidos mensajes y advertencias de la Madre de Dios. Mirar de nuevo y más profundamente es la carga de este libro. Recordaremos y reflexionaremos sobre lo que dijo durante los largos años de nuestros antepasados, consideraremos la situación actual y nos abriremos a Sus Promesas. Hay peligro, un peligro mayor que ninguno que la humanidad haya enfrentado antes, pero también hay esperanza. Ella afirmó: “Habrá paz”. “Al final, Mi Inmaculado Corazón triunfará; El Santo Padre me consagrará a Rusia. Y Rusia se convertirá y se dará una Era de Paz al Mundo”.

Este libro intentará responder muchas de las preguntas que tiene en su mente desde que sintió LA ADVERTENCIA. ¿Cuál fue la Advertencia? ¿También viene un Milagro? ¿Por qué el Mundo entero ha estado involucrado de una manera tan poderosa y directa? ¿Este es el fin del Mundo?

Lea y sea instruido. Todo el material presentado ha existido durante veinte años, pero no lo hemos escuchado ni se nos ha impedido escucharlo. Dios ha atravesado la obscuridad. Léalo ahora. Ya Es tiempo.

HOY DÍA

CAPITULO UNO

EL AVISO

La Advertencia o Aviso fue predicho por Nuestra Señora del Monte Carmelo en Garabandal, donde profetizó tres grandes eventos que vendrían: La Advertencia, El Milagro y El Castigo. Lo último ocurriría solo si el mundo todavía se negara a arrepentirse después de que los dos primeros hicieron que la mente de Dios fuera clara para todos. Acabamos de experimentar el Primero; el Segundo y el Tercero todavía están en el futuro. El Milagro vendrá dentro de un año de La Advertencia o Aviso, por lo que estaremos preparados para recibir la Gracia de El Milagro.

La Advertencia fue como la conversión de San Pablo Apóstol, quien fue penetrado por la misma Luz que hemos soportado recientemente. Estaba en el camino de Damasco, viajando a esa ciudad para perseguir a los judíos cristianos recién convertidos que vivían allí. ¡En una gloriosa visión se le reveló que estaba atacando no solo a los miembros de la Iglesia, sino a Jesús mismo, el mismo Señor del Cielo y de la Tierra! La Luz cegadora de Cristo Resucitado lo condenó por el pecado. Pablo escuchó la Advertencia que Jesús le había dado; se arrepintió y se convirtió en su fiel seguidor, y dejó atrás su vida anterior.

¿No se nos ha otorgado la misma iluminación a todos en la Advertencia o Aviso? La Gracia que una vez se otorgó a un individuo finalmente ha penetrado en cada corazón humano en un solo estallido repentino de Luz Divina. Hemos sentido la misma Gracia, la misma Luz, que Pablo sintió. Dios quiere que todo el Mundo responda tal como lo hizo Pablo. Ahora debemos arrepentirnos del pecado que el Señor nos ha mostrado en nosotros mismos mediante El Aviso, y enmendar nuestras vidas, siguiendo a Jesús.

La Advertencia nos hizo conscientes de Dios. Todos, incrédulos y creyentes, ahora pueden declarar que Dios nos ha tocado con su poder inconmensurable. Él ha intervenido de una manera sin precedentes para que todas las personas sean conscientes de Su Existencia, Su Misericordia, Su Soberanía gobernante, Su Amor por nosotros y Su Preocupación por nuestra salvación. Hay un Dios y Él es bueno. Nadie puede ahora negarle, a menos que elija arrojar la verdad de vuelta a la cara de Dios. La Advertencia ha hecho evidente a Dios. Hemos sentido Su poder en nuestros huesos.

La Advertencia nos muestra nuestros pecados. Fue predicho como una “corrección de la conciencia del Mundo”. Las escrituras predijeron hace mucho tiempo que Jesús enviaría al Espíritu Santo para “condenar al Mundo del pecado”. Si no entendíamos completamente antes lo que eso significaba, lo hacemos ahora. , por el poder de El Aviso. El pecado, nuestra resistencia a convertirnos en el tipo de persona amorosa que Dios es, da como resultado muchos hechos, decisiones y actitudes no amorosas. Todo esto estaba vívidamente claro en la Luz brillante que Dios hizo brillar en nuestras almas. Nuestras conciencias se iluminaron completamente en ese momento, exponiendo todo el autoengaño en el que somos tan inteligentes, sacando los recuerdos muertos que nunca han sido leudados con amor, descubriendo las mentiras que nos contamos, los compromisos que hicimos. Vimos tan descaradamente las muchas decisiones duras, obstinadas y desagradables que hemos tomado, las veces que pisoteamos cruelmente los sentimientos de otras personas, codiciamos sus posesiones, envidiamos su buena fortuna y nos regocijamos por sus fracasos. Luego gemimos de angustia cuando Dios nos reveló la negligencia, la negativa a ayudar, los actos no realizados y los planes incumplidos. Le hemos escuchado decirnos: “¿Por qué Me has perseguido?”

La Advertencia fue una muestra de la eternidad. El tiempo se detuvo por un momento durante La Advertencia o El Aviso y la verdad de la existencia intemporal cayó sobre todos nosotros. Ya no era posible, debido a La Advertencia, escondernos de nosotros mismos. Todo lo que hicimos estaba ante nuestros ojos, visto todo de una sola vez, en una sola mirada. Entonces supimos cómo la Mirada de Dios cruza todas las barreras y capta los secretos más profundos. Él compartió con nosotros, para nuestra conversión, cómo nos ve, y vimos, en un instante misericordiosamente breve, todo lo que en nosotros le desagradaba. Lo que entendimos era nuestro Estado Eterno, si hubiéramos muerto en ese momento. Sufrimos por un momento el dolor de nuestro pecado, el dolor de la separación de Dios, el dolor del purgatorio o el infierno. Dios nos dejó verlo todo, en La Advertencia o Aviso.

La Advertencia fue una Misericordia de Dios. Por la Advertencia nos dimos cuenta de que aún no somos lo que Él quiere que seamos. Sentimos el dolor de ser diferentes a Él, lejos de Él. Su Voluntad es que seamos como Él, felices en todo lo que Él es, y que nos acerquemos a Él. El pecado es el único impedimento para ello. Nos impide alcanzar la felicidad perfecta, incluso eterna. Dios nos reveló nuestra pecaminosidad en La Advertencia, no por venganza, porque la venganza es ajena a Su Corazón, sino por amor y misericordia. Él quiere que nunca tengamos que sufrir nuevamente el dolor que sentimos en El Aviso. Su Misericordia nos permitió probar el dolor que el pecado nos deja. La Advertencia fue verdaderamente una Misericordia de Dios.

La Advertencia es una señal del futuro. Es el mayor punto de inflexión en la historia mundial, el “signo de los tiempos” más importante. La Advertencia nos dice que todo lo que ha sucedido antes en todo el curso de la historia mundial ahora se centra en los años que nos esperan. Nuestra época es absolutamente crítica para la salvación de la raza humana. Una gran proporción de todas las personas que han vivido en realidad están viviendo en la tierra en este momento. Deben tener la oportunidad de escuchar y conocer el plan de salvación de Dios para ellos. Necesitan aprender que Jesús ha venido para quitar sus pecados. Todos debemos entender que solo el pecado nos priva de la felicidad y la gloria de Dios. El Pecado es nuestro único enemigo real, el único adversario que puede destruirnos para siempre. La Advertencia ha preparado a todos los pueblos del Mundo para el mensaje del Evangelio, los ha preparado a todos para Jesús y Su vida. Por la Advertencia todos sabemos de nuestro pecado. Sabemos que necesitamos un Salvador. La Advertencia es el primer paso para la conversión del Mundo entero. Sin conocer nuestro propio pecado, nunca entenderíamos cuánto necesitamos a Jesús y Su Perdón.

La Advertencia es una intervención directa de Dios. Nunca antes Dios ha actuado directa y universalmente para hacer que todos en el Mundo sean completamente conscientes de su pecaminosidad ante Su Santidad. La predicación del Evangelio a través del testimonio de la Iglesia ha estado disponible durante siglos, por lo que no es como si nunca antes hubiera hecho una revelación de este tipo. Pero no ha sucedido antes en la historia que haya actuado con tanto poder, tanta precisión, tanta instancia. Los tiempos deben ser muy especiales. No debe quedar mucho tiempo para el arrepentimiento. Como raza, hemos repudiado el mensaje del Evangelio con tanta frecuencia y respondimos tan lentamente que lo que Dios quiso que fuera el Mundo, en paz, nunca llegó a ser. Las constantes súplicas de María para que volvamos a Dios, y sus protestas a lo largo de los años mientras no escuchábamos, son, para los creyentes, evidencia suficiente de que la era actual es aún peor que las anteriores. Pero el tiempo se está acabando. “Los tiempos” están a punto de terminar, y se promete una nueva era de paz. La Advertencia es la primera señal dramática de que la vejez está terminando. No es el deseo de Dios que estemos entre aquellos que se negaron a arrepentirse a tiempo. No en todas las épocas es Su deseo que incluso ni uno solo de Sus pequeños se pierda. Por esta razón, Él ha intervenido, para que el peligro se manifieste, el mal de la era actual sea desenmascarado y se exponga la oscuridad de la falsa “iluminación”. Si el Mundo no ha querido escuchar la verdad, y los pequeños del Padre están siendo engañados, Él, en Su Majestad y Poder soberanos, los obligará a escuchar. Con La Advertencia, barre todo el sofisma y el engaño con el que Satanás ha oscurecido la Luz del Evangelio.

La Advertencia nos llama a elegir. Ahora sabemos, por la Gracia de La Advertencia, que cada uno de nosotros tiene que tomar una decisión fatídica. Podemos elegir huir de nuestro pecado o permanecer en él. A pesar del poder de El Aviso o Advertencia, todavía tenemos libertad para elegir: poseemos libre albedrío. Si Dios nos quitara eso, ya no seríamos humanos, capaces de amar o abstenerse de amar. Tenemos la capacidad de decir “Sí” o “No”, y La Advertencia nos confronta con esa responsabilidad. No hay término medio. La única opción que tenemos es estar a favor de Dios o en contra de Él. La situación es tal como fue en el Monte Carmelo, cuando Elijah llamó al pueblo de Dios para que se uniera a él y al Señor o con los profetas de Baal y Ashteroth. Como ellos, tenemos una opción: elegir a Dios, o no-dioses; Vida o muerte.

La Advertencia ha hecho imposible retrasar una decisión por más tiempo. Retrasar es en sí mismo una elección para el pecado. Para obtener la vida eterna con Dios, tenemos que enmendar nuestras vidas como discípulos del Señor Jesús, quien solo conoce el Camino al Padre. La alternativa es perderse para siempre en el dolor que sentimos fugazmente cuando conocimos La Advertencia. Dicha o agonía, – cielo o infierno -, ese es el dilema. Todo para nosotros depende de qué camino seleccionamos para nosotros mismos.

La Advertencia nos llama a prepararnos para el Milagro. Nuestra Señora del Monte Carmelo ha predicho un “Gran Milagro”, que sucederá en el pequeño pueblo de Garabandal. La Advertencia es una preparación para ello, está directamente conectada con ello y nos asegura que desde el momento de la Advertencia, habrá menos de un año hasta que el “Milagro del Señor más grande que haya funcionado para el Mundo” se llevará a cabo allí. Un milagro menor, similar, también predicho de antemano, nos fue otorgado en Fátima en 1917, en lo que se conoce como “El Milagro del Sol”. El sol giró en el cielo y se lanzó hacia la tierra. ¡70,000 espectadores lo vieron suceder! Por maravilloso que pueda parecer, ¡es aún más maravilloso que todos los habitantes del Mundo hayan visto y sentido la Advertencia! ¡Qué grande será el “Gran Milagro” en Garabandal! Millones tienen la intención de viajar allí para contemplar su gloria, ser sanados allí, convertidos y consolados. Viajarán allí porque han conocido La Advertencia y han sido preparados por ella para aceptar El Milagro con fe. La Advertencia está enviando multitudes a ese remoto pueblo montañoso español. Ha alertado a toda la población de la tierra sobre el inminente evento de El Milagro, y ha abierto los corazones al mensaje y la acción de Dios que se revelará allí.

Las noticias sobre Fátima tardaron muchas décadas en extenderse por todo el Mundo. Cuando el “Gran Milagro” explota en Garabandal, la televisión, la radio, las películas, los periódicos y los innumerables testigos que miran El Milagro difundirán la historia rápidamente a los rincones más lejanos del planeta. La Advertencia nos ha preparado para escuchar a Dios juntos en Garabandal, donde su pueblo será reunido nuevamente por Dios, tal como estaban en el Sinaí, para ver al demonio y la nube y escuchar el trueno. Por La Advertencia, Dios llama al Mundo a la montaña donde apareció Nuestra Señora del Monte Carmelo en Garabandal. Hemos estado preparados para escuchar, escuchar y proclamar la palabra que Dios nos hablará allí.

Finalmente, notamos que La Advertencia y El Milagro son inseparables. Son dos aspectos de la misma intervención del Señor. Ninguno de los dos puede entenderse adecuadamente sin que conozcamos al otro. La Advertencia nos prepara para El Milagro, como acabamos de mencionar, pero podemos penetrar el misterio de La Advertencia más profundamente solo cuando descubrimos lo que El Milagro tiene que decirnos. La Advertencia ha sido un encuentro extremadamente doloroso con la implacable verdad de nuestra miseria y pecado. Debe ser contrarrestado, si no queremos perder la esperanza, por un resplandor luminoso de la Misericordia de Dios en la experiencia de El Milagro. Por otro lado, conocer solo el amor ilimitado y misericordioso de Dios puede llevarnos a la complacencia; La Advertencia fue necesaria para evitar tal aberración. Además, solo podemos apreciar el Amor sin medida de nuestro Padre por nosotros cuando vemos cómo nos ama a pesar de nosotros mismos. La Advertencia tenía que venir antes del Milagro, por lo que entenderíamos que no podemos ganar ni merecemos Su Misericordia. Nos lo da porque es, por naturaleza, Amor Misericordioso.

La advertencia fue hoy, hace un momento, para todos nosotros. Debemos mirar ahora al Ayer y al Mañana para poder responder plenamente a nuestro Dios y Su Amor por nosotros.

AYER

CAPITULO DOS

REVISIÓN DE LAS APARICIONES MARIANAS

1830-1986

París: la Medalla Milagrosa (1830)

1980 marcó el 150 aniversario de las primeras apariciones modernas de la Santísima Virgen María. El 18 de julio de 1830, a Santa Catalina Laboure, entonces una joven novicia de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl en París, Nuestra Señora pronunció estas palabras reveladoras: “Los tiempos son muy malos… El Mundo entero se verá inmerso en diferentes tipos de problemas”. En ese instante, se abrió a Catherine y a nosotros el largo corredor de la historia moderna, en el que tantos eventos calamitosos han azotado nuestro globo terráqueo. Por lo que le dijo, claramente nos enseñó a conectar tales desgracias con nuestra propia pecaminosidad. Ella había venido para llevarnos a Su Hijo, Jesús, lejos de la oscuridad. Así como condujo a Catalina del sueño de la medianoche a la capilla donde habitaba la Luz del Mundo en la Eucaristía, también nos estaba llamando desde nuestro sueño a una nueva vida en el Señor.

Más tarde, nuevamente se le apareció a Catherine para presentarle la imagen con la que estamos familiarizados en la “Medalla Milagrosa”. Sobre la faz de la Tierra, se encuentra Ella sobre el dominio en la tierra, Satanás mismo bajo su talón, Sus manos arrojando luz sobre el Mundo. Ella dijo que los rayos representaban gracias dadas por Su intercesión a quienes se las pidieran. Alrededor del perímetro ovalado de la imagen, podemos leer las palabras: “Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti”. Su victoria sobre el mal está representada por esta oración, ya que su Inmaculada Concepción es la conquista total del pecado en un corazón humano. Ella nos lleva a la misma victoria con su ejemplo, y nos ayuda con sus oraciones para lograrla.

En esta medalla, María nos dio el bosquejo de la batalla final entre Satanás y la Iglesia que estaba por comenzar en los acontecimientos históricos de los tiempos modernos. La Iglesia ya se había debilitado por la oscuridad de la “Iluminación” en Europa. La Revolución Francesa la había devastado y arrancado a tantos creyentes de su abrazo. La sangre estaba a punto de fluir por todo el continente en una nueva revolución (en 1848); y luego hubo más tribulación en la guerra franco-prusiana en 1870, sin mencionar más conflictos en 1914-1918 (Primera Guerra Mundial), y disturbios más recientes que comenzaron con la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Verdaderamente los tiempos eran muy malos, si el dolor y la tristeza de la guerra es una indicación de que tal fue el caso.

Ella vino de nuevo a un pequeño pueblo llamado “La Salette” en el sur de Francia. Esta vez se le apareció a dos niños que eran decididamente no dotados, y tampoco particularmente religiosos. Estaban pastoreando ganado cuando ella se reveló en una visión brillante, como una triste reina. Era la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, el 19 de septiembre en ese período. Estaba llorando mientras les gemía por los pecados de sus “hijos”, quejándose de que “ya no podía contener el brazo de mi Hijo”. Vestida a la moda real, su túnica estaba adornada con los instrumentos de la Pasión, bordados en sus prendas a la luz. En correspondencia con sus profecías, una gran hambruna de papa y la plaga del trigo azotaron Europa occidental, y una enfermedad convulsiva afligió a los niños pequeños, que murieron en los brazos de sus madres. En esta visita, sus palabras nuevamente afirman claramente que los pecados de las personas les causan tales desgracias. Ella exige arrepentimiento. Su pueblo debe obedecer a Dios y Sus Mandamientos, o el castigo descenderá sobre ellos.

Lourdes: 1858

En 1854, Pío IX definió el Dogma de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María. Cuatro años después, Bernadette Soubirous, una niña de catorce años cuya familia era la más pobre de Lourdes, Francia, declaró que había visto a una dama en el vertedero del pueblo, donde ella y otras dos niñas habían estado recogiendo leña. La visión se había emitido desde el corazón de una formación rocosa masiva al lado del río Gave, en un lugar llamado “Massabielle”, que literalmente significa “roca vieja”. Después de varias visitas, la Señora le pidió a Bernadette que regresara quince veces, y ella fielmente lo hizo, con lo cual ella y el Mundo entero recibieron un mensaje y un regalo. El mensaje fue simple y directo: “¡Arrepentimiento! ¡Arrepentimiento! ¡Arrepentimiento! ”El regalo era un hermoso manantial claro, que brotaba de la base de la roca en un punto donde Bernadette había excavado obedientemente con las manos desnudas en el barro, ya que la Dama había ordenado que bebiera en del Manantial. Las aguas pronto mostraron propiedades curativas milagrosas, y los peregrinos comenzaron sus viajes a Lourdes para bañarse en el agua y beber en el Manantial. Desde que apareció este Manantial, innumerables millones de personas han encontrado aguas vivas en este lugar donde la Santísima Virgen habló con una niña pequeña sin ninguna importancia. Cuando Bernadette finalmente le preguntó a la bella Dama quién era, la visión confesó, con asombrosa simplicidad, “¡Soy la Inmaculada Concepción!” Libre de pecado desde el principio, ella mostró lo que el Señor quiere para nosotros al final. Su batalla es nuestra, una lucha contra el pecado. Si solo nos arrepintiéramos de nuestros pecados, las calamidades que amenazan a la raza humana nunca ocurrirían. Habría curación y paz que surgiría del Corazón de Dios, como el agua del Manantial de la Roca. Al igual que María, vivimos dentro de la “roca vieja” de la Iglesia, la Roca de Cristo. Las aguas que fluyen de él en el misterio del bautismo nos limpiarían y nos refrescarían con gracia.

Los milagros en Lourdes continúan hasta hoy para confrontarnos con el mensaje de María y la disponibilidad constante de la curación y el perdón de Dios. La primavera es un recordatorio de que los manantiales de “agua viva” están esperando a la gente del Mundo, para que puedan venir y “beber libremente, sin pagar”. El peso del pecado sobre nosotros será levantado, su mancha será lavada. El mensaje se vuelve más enfático con Lourdes. El pecado es el núcleo del problema. El Mundo debe cambiar. La oscuridad se está acumulando.

Fátima: del 13 de mayo al 13 de octubre de 1917, el 13 de cada mes.

De nuevo es a los niños a quienes la Virgen se acerca, en esta ocasión, en Fátima, Portugal. Un ángel los visita por primera vez en 1916, para preparar sus corazones para comulgar con la Madre de Dios. Cuando llega la Dama, más brillante que el sol en Su belleza, los introduce en el secreto de Su Inmaculado Corazón, que ofrece como la solución a los problemas que sufre el Mundo. En Su Corazón no hay pecado, y ahí radica la victoria que ella predice: “¡Mi Inmaculado Corazón triunfará!” Ella señala a los niños (y a nosotros) las consecuencias del pecado, y les muestra “El Infierno, donde las almas de los pobres pecadores van.” Esta visión muestra a sus ojos inocentes un mar de fuego en el que contemplan a los condenados. Sigue una terrible profecía que predice lo que sucederá en la tierra si la gente no modifica sus vidas: el hambre, las guerras y las persecuciones de la Iglesia y del Santo Padre, el martirio de muchas personas buenas e incluso la aniquilación de algunas naciones. Rusia continuará difundiendo sus errores en todo el Mundo. Pero, ella afirma con autoridad: “Si la gente hace lo que le pido, habrá paz”. Ella declaró a los niños que la Paz del Mundo ha sido confiada en Sus Manos. Y, a pesar de lo que pueda sucederle a la humanidad si nos negamos a escuchar, ella anuncia que, “Al final, Mi Inmaculado Corazón triunfará, el Santo Padre me consagrará a Rusia, Rusia se convertirá y se le dará una Era de Paz al Mundo.”

En lugar de una primavera como la que nos dejó en Lourdes, “Nuestra Señora del Rosario” (porque así se identifica) promete, meses antes del evento, que el 13 de octubre, en la última aparición, ella misma hará un gran milagro, “para que todos crean”. Cuando llegó el día, 70,000 peregrinos se reunirían en la “Cova da Iria”, un anfiteatro natural aparentemente diseñado para tal espectáculo. Al mediodía, hora del sol, las nubes se separan después de una tormenta de lluvia durante toda la noche, y cada ojo puede ver el sol directamente sin tensión. Los rayos de luz del arcoíris giran desde su esfera, deslumbrando y deleitando a los espectadores. Pero de repente la multitud se horroriza cuando el sol parece perder sus amarres en los cielos; se tambalea hacia abajo, amenazando a todos con la destrucción. Están convencidos de que es el fin del Mundo. Su alivio cuando el sol vuelve a su lugar ordenado en el firmamento está más allá de toda expresión. Pero expresa que lo hicieron. Hay quienes aún viven y estuvieron presentes en esa maravilla, quienes continúan dando su conmovedor testimonio. No todos eran creyentes profesos que vieron, pero incluso los escépticos confirmados, se vieron obligados a hablar. Las crónicas seculares y ateas de la época registraron en forma impresa el testimonio de aquellos que se burlaron y se fueron a casa atónitos por lo que había sucedido en la Cova da Iria.

Fátima es fundamental. Sumerge el mensaje de María en la esfera de los eventos mundiales. Ya no es solo Francia o algún otro país en particular el que recibe atención específica. Todo el mundo debe escuchar. En el curso de la Segunda Guerra Mundial, se publicaron las profecías de Fátima que, en 1917, habían predicho ese conflicto; poco después, las ahora famosas estatuas de la Virgen Peregrina comenzaron a viajar a todos los rincones del Mundo. A finales de los años cincuenta, el Mundo Occidental escuchaba el mensaje de Fátima por todos lados. Se distribuyó una gran película sobre el tema. Los programas de televisión destacaron la historia de Nuestra Señora de Fátima. Todos esperaban con anticipación que se revelara el “secreto” de Fátima, ya que había historias de una carta sellada con un secreto que no se pudo revelar hasta 1960.

Para cuando los eventos de Fátima se conocieron en todo el Mundo Católico, la Segunda Guerra Mundial ya estaba en progreso. No se necesitaban más pruebas de su autenticidad, ya que esa guerra se había predicho como un castigo, y estábamos justo en el medio. Estaba claro que no estábamos modificando nuestras vidas de acuerdo con Sus pedidos. No hubo suficiente respuesta en la oración y la penitencia para lograr la paz que Nuestra Señora del Rosario había prometido: “Si la gente hace lo que le pido”. La paz no había llegado. La guerra terminó con la explosión de dos poderosas bombas que nos introdujeron en la era nuclear de la aniquilación. La situación se deterioraba en lugar de mejorar, y el tejido moral de la sociedad comenzó a desintegrarse gravemente. Se abrieron grandes fisuras entre el “El Tercer Mundo” y las naciones ricas, y el Comunismo continúan “extendiendo sus errores por todo el Mundo”.

¿Qué contenía el “secreto de Fátima”? La curiosidad de tantos se decepcionó cuando el Papa Juan XXIII, según la historia, abrió la carta sellada de Lucia (la única visionaria restante de Fátima) en 1960, y decidió no revelar lo que estaba escrito en ella. Justo un año antes había anunciado, el 25 de enero de 1959, la convocación de un Consejo Ecuménico en el Vaticano. A medida que esta historia hizo que se reuniera a los obispos del Mundo, el “secreto” de Fátima fue gradualmente olvidado, y de alguna manera, a pesar de la solemne exhortación de los Padres del Concilio a mantener la Devoción a la Madre de Dios, y aunque el Papa Pablo VI la proclamó como ” Madre de la Iglesia ”(con la aclamación inmediata del Concilio), no solo disminuyó la Devoción a la Santísima Madre; se produjo una desaparición general del amor expresado por ella, ya que los cambios en la teología, la liturgia y la práctica devocional fluyeron del Consejo.

Garabandal: 1961

Lucia de Fátima ha testificado que Nuestra Señora se le apareció por “séptima vez” en la Cova da Iria, donde el sol había girado en el cielo. Nuestra Señora del Rosario estaba cumpliendo una promesa que le había hecho durante las apariciones de 1917, cuando estaban las tres, Lucia, Francisco y Jacinta. Pero ahora los dos últimos se habían ido “al cielo”, como la Dama había prometido que lo harían, y Lucia estaba dejando a Fátima para ir a la escuela y a una nueva vida. Ella visitó cada uno de los lugares Sagrados donde habían conocido a sus visitantes celestiales, el Ángel de la Paz y Nuestra Señora. Era de noche y esa misma mañana, antes de que saliera el sol, dejaría Fátima para siempre. Cuando por fin llegó a la “Cova”, Nuestra Señora cumplió su promesa. Lucia la vio allí por séptima vez. Era el 18 de junio de 1921.

Cuarenta años después, hasta el mismo día, en la noche del 18 de junio de 1961, comenzaron las apariciones de Garabandal. Como en Fátima y París, un Ángel preparó el camino. En este caso se identificó como San Miguel Arcángel. Pronto, Nuestra Señora del Monte Carmelo llegó, el 2 de julio, a la Fiesta de la Visitación.

Era hora de recordarnos el mensaje nuevamente. Después de cuarenta años de tumulto en la historia y en la vida de la Iglesia, Fátima no lograba mantener el interés de la nueva generación. Nuestra Señora del Monte Carmelo se repite con dramática intensidad en un pequeño pueblo en la región montañosa de España. Ella los llama “Las Últimas Advertencias” y predice una catástrofe si, en esta hora final, el Mundo todavía se niega a escuchar.

Las apariciones de Garabandal continuaron durante cuatro años en una gran profusión de fenómenos nunca antes vistos en visitas anteriores que Ella había hecho. Finalmente, las visiones se volvieron menos frecuentes, hasta que cesaron en 1965. En ese año se dio un Mensaje Final al Mundo, nuevamente en esa misteriosa fecha, el 18 de junio. Algunos estiman que durante esos años hubo alrededor de 2000 reuniones entre Nuestra Señora del Monte Carmelo y las cuatro jóvenes videntes: Conchita, Loli, Jacinta y Mary Cruz. La Dama era muy hermosa, según sus informes, y bastante maternal, besando a los niños en cada ocasión que los visitaba, especialmente cada vez que les decía adiós. Ella les enseñó a rezar, guiándolos en la Recitación del Rosario, los reprendió sobre su conducta, conversó y jugó con ellos como madre con sus hijos pequeños, e incluso les permitió jugar con el Niño Jesús, a quien ella frecuentemente llevado con Ella. Ella afirmó de varias maneras aquellas Doctrinas y Devociones que pronto serían atacadas o abandonadas, como la devoción a sí misma que había sido tradicional durante mucho tiempo, el amor por la Eucaristía y las visitas al Santísimo Sacramento, la importancia de la oración, la validez y poder de las bendiciones, en particular de los artículos religiosos, que besó y devolvió a sus dueños para llevar a casa. También enfatizó la importancia de la Recepción Frecuente e incluso diaria de la Sagrada Comunión, el Poder y la Dignidad de los Sacerdotes y la Misa, la necesidad de la obediencia a la autoridad de la Iglesia (enfatizado como un punto clave), y la creencia y dependencia del ministerio de los ángeles. y santos. Sobre todo, Ella repitió el mandato de arrepentirnos de nuestros pecados y buscar el perdón, especialmente en la Confesión. Ella recomendó realizar mucha penitencia y hacer muchos sacrificios. Ella dijo que deberíamos sacrificarnos más. Advirtió sobre El Castigo por venir, peor que cualquiera que se haya experimentado hasta ahora, si no modificamos nuestras vidas.

Muchos en todo el Mundo recibieron la fe para creer en las visiones y el mensaje de Garabandal, y reformaron sinceramente sus vidas. Los artículos religiosos llevados de pueblo en pueblo después de haber sido “besados” por la visión forjaron curaciones y conversiones. Para aquellos que sintieron el beso de Nuestra Señora tocarlos en el poder de Su Amor, la realidad de las apariciones y la importancia del mensaje nunca han estado en duda.

Pero Nuestra Señora del Monte Carmelo también había revelado que la confusión asaltaría a la Iglesia, y que “al final, pocos creerían”. Esta declaración suya parece haberse cumplido ampliamente en el momento en que estamos escribiendo este libro (1982). Parece que todas las visitas y los mensajes de María han sido prácticamente olvidados o ignorados por la mayoría de los católicos, incluido el clero. Hasta que El Aviso nos atrapó, enfrentándonos implacablemente con la verdad de Sus palabras, parece que las hemos dejado a un lado como una historia pasada e inútil.

La Advertencia quita el velo del engaño de Satanás lejos de nuestros ojos. Dios ahora exige que escuchemos. Hasta ahora no hemos elegido hacerlo, especialmente cuando Mary nos ha pedido que cambiemos nuestras vidas. La Advertencia es la Misericordia de Dios para con nosotros, mostrándonos que debemos cambiar, debemos arrepentirnos, debemos escuchar, o perecer. La finalidad de la serie de apariciones de Garabandal está subrayada por sus palabras a los visionarios: “¡Ahora estás son las Últimas Advertencias!” Garabandal recapitula todas las apariciones marianas anteriores, ya que se centra en el “Fin de los Tiempos”. Su propia designación allí como Nuestra Señora del Monte Carmelo vuelve a la historia más de 730 años atrás, a su reunión con Saint Simon Stock. Ella le dio el Escapulario Marrón, desde entonces un símbolo tradicional que asocia la salvación con Su Protección. Guadalupe (México: 1531) la presenta como la que aplasta la cabeza de la serpiente. Su intercesión libera gracia para la Conversión Mundial. La Medalla Milagrosa otorgada en 1830 la describe como “María, sin pecado concebida “, y nuevamente recomienda buscar gracias de Su intercesión para luchar contra los tiempos pecaminosos en los que entramos. La Salette en 1846, Lourdes en 1858, Fátima en 1917 identifican explícitamente el pecado como la fuente de los “problemas” que la Virgen predijo que Santa Catalina Laboure afectaría al “Mundo entero”. Cuando ella comienza a aparecer nuevamente en Garabandal, nos recuerda de todas las lecciones que enseñó en los años anteriores, y luego las aplica precisamente a los males actuales que pronto infectarán la vida de la Iglesia. El punto culminante de estos encuentros en el pequeño pueblo de montaña de Garabandal es un encuentro a media noche en 1962 entre Conchita y el Arcángel Miguel, quien le da la Sagrada Comunión en la calle, en la oscuridad total. Es el 18 de julio de 1962, el aniversario de la primera visita de Santa Catalina Laboure con la Santísima Virgen en 1830. La Eucaristía es visible en su lengua extendida y luminosa, para que los espectadores, acurrucados a su alrededor en la oscuridad, puedan ver la Eucaristía milagrosa. Nuevamente, María reitera la enseñanza de que la Eucaristía es la Luz que conquista la oscuridad que envuelve al Mundo, repitiendo lo que se le había indicado a Santa Catalina Laboure, llevada al altar en la capilla brillantemente iluminada a la medianoche.

MAÑANA

CAPÍTULO TRES

EL MILAGRO

Como todavía no hemos experimentado El Milagro, solo sabemos lo que la Santísima Virgen nos contó al respecto. Ella ha revelado lo suficiente para que nos preparemos para este evento que sacudirá el Mundo, que tendrá lugar en Garabandal dentro de un año del Aviso. Por lo tanto, podemos esperar que suceda pronto, ya que ya hemos sentido y visto El Aviso. El Milagro está a muy poco tiempo de nosotros. Su fecha exacta no se conoce, excepto por Conchita, quien sabe el día, la fecha y el año. La Santísima Virgen le ha prohibido revelarlo hasta ocho días antes de que suceda. En ese momento lo anunciará a todo el Mundo. Ella nunca ha revelado la fecha a nadie.

Durante veinte años hemos esperado por el “milagro más grande que el Señor ha hecho por el Mundo”, durante el cual “los enfermos” que se encuentran en el sitio “serán curados” y los “incrédulos serán convertidos”. Esta larga espera … El período distingue notablemente a Garabandal de Fátima, donde el milagro del sol previsto se realizó durante el curso de esas apariciones. Además, no había promesa de curación y conversión al por mayor en Fátima, pero en Garabandal se hace esta promesa.

Solo una persona ha visto El Milagro, en visión. Se llamaba padre Luis Andreu, profesor de seminario Jesuita que llegó a la aldea en 1961 menos de una semana antes de la Fiesta de la Asunción. Nunca regresó a casa de su visita para examinar la situación. Fue inesperadamente arrastrado a la visión de los niños de Nuestra Señora, y luego fue atrapado por él mismo en la experiencia del Milagro que se avecina. Por supuesto, esto lo convenció de la autenticidad de las apariciones. Su corazón estaba tan lleno de alegría que lo venció. En el camino de regreso al seminario, en las primeras horas de la mañana del día siguiente, expiró en silencio. No vivió para describir El Milagro.

La Santísima Virgen aseguró a los niños que “nada malo sucedería” en el día de El Milagro. Presumiblemente, esto es una garantía de que nadie más morirá al verlo, como lo hizo el padre Luis. Pero su experiencia de dicha alegría y los comentarios que hizo después sobre lo que vio, junto con las declaraciones de los otros visionarios que repiten lo que María les dijo sobre El Milagro, revela que será una gloriosa manifestación del Amor y la Misericordia de Dios por todos nosotros.

Millones podrán verlo ese día, ya que Garabandal está encaramado entre colinas formando un amplio anfiteatro natural capaz de acomodar a la gran multitud que viajará a ese lugar remoto cuando ocurra. De alguna manera, a pesar de las circunstancias bastante primitivas, sus necesidades serán atendidas. Una gran asamblea convergerá en la aldea desde todas partes, y todos los que logren llegar a sus alrededores verán la misma visión de alegría que envió al Padre Luis al cielo.

El Milagro será una revelación. Las Visitas Marianas, como los eventos bíblicos, son reveladoras en todos los aspectos. Transmiten un mensaje, no solo en las comunicaciones verbales de la Madre de Dios, sino también en los eventos mismos, las personas involucradas, las circunstancias, el entorno. El simbolismo, por ejemplo, de El Manantial en Lourdes obviamente presenta un mensaje bautismal, una revelación que refuerza la enseñanza de la Iglesia sobre ese Sacramento. El poder sanador de Dios es claramente evidente en los muchos milagros que ocurren en la gruta. La Roca de Lourdes es la Iglesia en la que habita María y de la que fluyen las Aguas Vivas, dando vida al Mundo entero. El estudio de los acontecimientos marianos revela tanto significado oculto en lo que a primera vista puede parecer intrascendente.

El milagro será una clara revelación de la Misericordia de Dios. Debemos prepararnos para esto, de modo que, cuando ocurra, entendamos plenamente su importancia y absorbamos su poder. Incluso ahora podemos comenzar a meditar fructíferamente en la información que ya nos ofrece Nuestra Señora sobre El Milagro. Estas sugerencias son para nuestro beneficio, de modo que estaremos más listos para apreciar completamente El Milagro cuando suceda.

El Milagro será Eucarístico. El énfasis en la Devoción a la Santísima Eucaristía es tan fuerte en Garabandal que un tema eucarístico para El Milagro estaría en perfecta armonía con todo lo que sucedió en el pueblo durante las apariciones. También podemos esperar un evento eucarístico porque se ha revelado que El Milagro tendrá lugar a las 8:30 un jueves por la noche (aproximadamente a la misma hora que la Última Cena), y que el día de El Milagro la Iglesia celebrará La fiesta de un joven mártir de la Eucaristía. Debemos estar listos para recibir una prueba inconfundible de Dios, a través del Milagro, de que la Sagrada Eucaristía es el centro de nuestra vida en la Iglesia, y que Jesús está verdaderamente presente en la Santa Eucaristía, en Su Carne Viva. Debemos aprovechar este Sacramento tan frecuentemente como podamos.

El Milagro será eclesial, es decir, apoyará la verdad de que a través del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, la Cabeza y los Miembros, todas las Gracias vienen, y que todos los hombres y mujeres están llamados no solo a seguir a Jesús personalmente, sino también para entrar en Su Iglesia y someterse a Su disciplina, enseñanza y sacramentos. Por esta razón, El Milagro ocurrirá en conexión con un “gran evento eclesiástico”. El tiempo de Dios es el tiempo de la Iglesia, y la autoridad de la Iglesia será reforzada y autenticada por el hecho de que el “evento eclesiástico” y El Milagro ocurrirán el mismo día, tal vez en el mismo instante. Además, el Papa, la cabeza visible de la Iglesia, verá El Milagro desde donde esté.

El Milagro será Mariano, es decir, afirmará de alguna manera la Gloria de la Madre de Dios y que todos los cristianos sabrán que Dios está ordenando que ellos renuncien a sus objeciones, a Su papel en el Cuerpo de Cristo y que tributen a Ella el Honor que Dios mismo le da. El mensaje de Fátima se pondrá de relieve, es decir, que solo cuando el mundo le dé al Inmaculado Corazón de María el honor y la devoción que se le debe, y solo cuando consagremos nuestros corazones a ese Corazón como individuos y como naciones, la paz al fin se extenderá por el todo el Mundo. A través de este Gran Milagro, todos aprenderán a amar a “Santa María, Madre de Dios”.

El Milagro convertirá al Mundo entero. Esta afirmación fue hecha por Nuestro Señor mismo a Conchita. Él respondió una pregunta suya sobre la conversión de Rusia asegurándole que El Milagro no era solo para la “Conversión de Rusia”, sino “para la Conversión del Mundo entero” y que “así, todos amarán nuestros corazones” (el Corazón de Jesús y de María). Parecería por Sus palabras que de alguna manera el Milagro nos mostrará a todos cuán unidos están los Corazones de Jesús y María, como un símbolo del tipo de amor pacificador que debería unir nuestros corazones. Quizás los Dos Corazones en el reverso de la “Medalla Milagrosa” fueron una profecía, así como una lección, prediciendo una era por delante donde todos los corazones se reconciliarán como lo están, los Corazones de Jesús y María. La reconciliación de los corazones es de lo que se trata laconversión, y parece que todas las Apariciones Marianas se refieren a ella. Dios quiere unir a todos los corazones en su Iglesia. El Milagro lo dejará claro a todos, y nos convocará a todos desde los cuatro puntos cardinales para dejar en claro que nos pertenecemos. Por el poder de El Milagro, estaremos todos unidos en el mismo amor ardiente que forja una comunión perfecta entre los corazones de Jesús y María.

El Milagro será sacramental. Las curaciones y las conversiones en Garabandal vendrán a través de experimentar El Milagro. No será solo un espectáculo, algo para mirar y hablar cuando regresemos a casa. El Milagro estará lleno de poder, y nosotros, que tenemos la suerte de contemplarlo, nos llevaremos el poder a casa. Seremos como los testigos en Pentecostés. Dios nos enviará a casa para contarle a la gente de todo el Mundo la gran Misericordia y Amor que Él tiene por nosotros. Seremos transformados por las gracias de El Milagro en apóstoles llenos del Espíritu Santo, audaces con un mensaje que es crucial para la salvación del Mundo.

El Milagro será una advertencia. Una vez que sucede El Milagro, la raza humana debe cambiar, o enfrentará la catástrofe más terrible que el Mundo haya visto:

El Castigo.

Por bendito que sea El Milagro, será evidente, aunque solo sea por el hecho de que será tan estupendo, que esta es nuestra última oportunidad. No habrá otro milagro como este. Será muy grande debido a las grandes necesidades del Mundo. Pero esta vez, a menos que la gente preste atención al mensaje, El Castigo seguramente vendrá. A pesar de que finalmente nos espera una “Era de Paz”, a menos que la gente enmiende sus vidas ahora, El Castigo vendrá.

No habrá escapatoria de eso. El Milagro habrá puesto el fusible. A menos que extingamos su ardor por arrepentimiento, el castigo vendrá.

El Milagro será para la Gloria de Dios. La Gloria de Dios está en que lo conozcamos de cómo es Él, y en que nos volvamos a Él en amor. Experimentaremos Su Gloria en El Milagro, porque conoceremos Su Misericordia, Su Amor sin medida por nosotros, Su Bondad. El que dio a Su Único Hijo por nosotros, nos permitirá comprender Su Amor tierno y Misericordioso a través de El Milagro. Nos recordará de todas Sus promesas de perdonar, de sanar, de resucitar de entre los muertos y de glorificarnos con Su Gloria. También veremos cuán maravillosa es la Madre que tenemos en María, y contemplaremos cuán maravillosamente brilla la Gloria de Dios en Su Asunción. Comprenderemos la Gloria de Dios en la Iglesia, significada en la gente reunida alrededor de la montaña en Garabandal. Cuando regresemos de la montaña, habremos visto la Gloria del Señor, y estaremos ansiosos por hacer conocer Su Gloria a todos los demás. La gloria de Sión, la gloria del Nuevo Pentecostés por la que rezó el Papa Juan XXIII cuando abrió el Concilio Vaticano II y nuevamente por el Papa Pablo VI cuando llegó a su fin, fluirá sobre toda la Iglesia y el Mundo entero. “Y así”, como Jesús le reveló a Conchita, “todos amarán Nuestros Corazones”.

CAPÍTULO CUATRO

EL CASTIGO

Cuando comenzó el segundo año de las apariciones en Garabandal, el 19 y 20 de junio de 1962, mientras se desarrollaba una novena en preparación para la Fiesta del Corpus Christi, los cuatro niños fueron conducidos solos a la oscuridad fuera de la aldea. Instruyeron a la gente que no los siguiera. Poco después, la gente del pueblo los escuchó gritar de terror, suplicando en oración que Dios perdonara a la gente, especialmente a los niños. Cada vez que la gente rezaba, dirigida por el sacerdote que dirigía la novena, el llanto disminuía, pero se reanudaba cuando cesaban. Las chicas informaron a todos más tarde que habían presenciado “El Castigo” que vendría si la gente, al final, se negara a enmendar sus vidas. Muchos años después, Mari Loli, una de las chicas, dio más detalles sobre lo que sabía de esta misteriosa calamidad, diciendo que sería como el fuego en todo el Mundo. Incluso los mares estarían en llamas, de modo que la gente no tendría a dónde huir. Los visionarios todavía tienen miedo hoy cuando piensan en lo que han visto en esta visión. Temen por ellos mismos, por todos nosotros, y especialmente por sus propios hijos, porque ahora son todas madres de sus propias familias. Sin embargo, la Santísima Virgen les prohíbe decir algo más al respecto.

El Castigo, si llega, tendrá lugar después de El Milagro. A diferencia del lapso de tiempo entre El Aviso y El Milagro (estos ocurrirán con menos de un año de diferencia), no hay ninguna indicación de cuánto tiempo transcurrirá después de que ocurra El Milagro hasta el momento de El Castigo, si este último llega. El Castigo no sucederá si la gente hace lo que María les pide, enmendar sus vidas. El Castigo puede ser retrasado y moderado por las buenas acciones y la oración. Pero finalmente descenderá sobre nosotros si no hay una enmienda sincera de nuestra parte. Dios, en su compasión, se da cuenta de que necesitamos tiempo para que el mensaje nos llegue. Incluso después de haber escuchado, nos toma tiempo comprender y responder. Entonces nos da más tiempo, – siglos si es necesario -, para decidirnos. Después de todo, la última elección que hacemos es irrevocable: el cielo o el infierno. Nuestro Padre nos dará tiempo para escuchar y atender, para decidir y actuar. El tiempo de demora terminará solo cuando ya no sea una misericordia aplazar El Castigo. Como consecuencia, tendremos tiempo entre El Milagro y El Castigo, tal como Él nos ha dado tiempo entre El Aviso y El Milagro. Si usamos bien el intervalo que nos está ofreciendo y aceptamos la Misericordia de Dios llamándonos al arrepentimiento, El Castigo nunca vendrá. Sin embargo, llegará rápidamente, si el Mundo, después de haber sentido La Advertencia y visto El Milagro, decide no cambiar en absoluto. Entonces se volverá impensable que Él no intervenga, para evitar que “incluso los elegidos” no se salven.

El castigo vendrá directamente de Dios. Esta es sin duda la más problemática de todas las profecías de Garabandal, o para el caso, de todas las profecías Marianas sobre el “castigo”. Es más fácil explicar el “castigo” si consideramos que es el resultado, incluso en el nivel corporativo o global, de nuestro comportamiento sin amor y egoísta. Pero si creemos en el Dios todo Misericordioso que es Padre, y que Su Amor por nosotros es ilimitado e incondicional, entonces ¿cómo podría castigar directamente al Mundo entero de una manera terrible?

La respuesta a esa pregunta está realmente más allá de nosotros, pero de alguna manera El Castigo es compatible con Su Misericordia. Lo que ni siquiera los mejores teólogos pueden entender o explicar, no podemos esperar aclararlo con absoluta claridad. Algunos rechazarán esta parte de las profecías sobre El Castigo, ya que consideran que es demasiado duro para mezclarse con la imagen de un Padre Misericordioso a quien conocen por experiencia personal. Sin embargo, la Advertencia que acabamos de sufrir ya ha otorgado al mensaje de Garabandal una confirmación irrefutable. La Advertencia misma fue una intervención directa de Dios. Todos la sentimos por experiencia inmediata, y fue “como” un castigo. Fue una anticipación momentánea del Castigo, y nos advierte cómo será El Castigo, si llega, como resultado de nuestros pecados. Debido a nuestro pecado, sentimos el dolor abrasador de El Aviso.

El Castigo será la medida completa del Aviso o Advertencia. Tanto la Advertencia como el Castigo demuestran que Dios actúa para salvar al Mundo, y que en este caso, Él está interviniendo directamente para separarnos de nuestros pecados. La Advertencia es la primera Intervención Mundial en la historia en la que Dios nos advierte directamente a cada uno de nosotros sobre el castigo final y eterno que vendrá si no nos arrepentimos de nuestro pecado. La segunda Intervención Mundial, El Castigo, fluye de El Aviso y está directamente relacionada con ella. Ambos vienen directamente de Dios. Entonces, la Advertencia misma debería convencernos de que Dios puede, y lo hace, y castigará directamente al Mundo por su pecado si no cambia.

El Castigo significará un cambio para todos nosotros, ya que será una catástrofe diseñada para cambiarnos a todos. Para algunos, puede significar la perdición eterna, que elegirán libremente desafiando la insistencia del Señor en el arrepentimiento. Otros serán salvados “como por fuego”. Para todo el Mundo, significará el fin de una era, el “fin de los tiempos”. La Tierra nunca volverá a ser la misma.

El Castigo purificará la tierra. Independientemente de si el Castigo realmente ocurre o no, el “Triunfo” del Inmaculado Corazón de María surgirá indefectiblemente “al final”, y se le dará al Mundo una “Era de Paz”. El “Triunfo” significa que los corazones en la Tierra se volverán como el Suyo en el Cielo, libres de pecado. La paz en nuestros corazones, será como la paz en Su Corazón en el cielo y traerá paz al Mundo entero. Si El Castigo no llega, será porque el Mundo, a través de La Advertencia y El Milagro, se habrá arrepentido, recibiendo contritamente el regalo de “El Triunfo” en el perdón de Jesús. Así “habrá paz”, y la Tierra será purificada, sin El Castigo.

Pero si no prestamos atención a la Advertencia o no permitimos que la lección de El Milagro nos toque lo suficiente como para abandonar nuestro pecado, entonces el único y último recurso de Dios es El Castigo. Él mismo intervendrá directamente, después de un siglo y medio de suplicantes lágrimas de Nuestra Santísima Madre no han logrado movernos, y eliminará el pecado de la faz de la Tierra al eliminar a los pecadores de ella. Por su paciente retraso de la cirugía drástica implicada en El Castigo, misericordiosamente le da más tiempo a aquellos que están “en camino a la perdición”, pero no puede esperar más, ya que se ha hecho evidente que sus corazones están tan endurecidos que El Espíritu Santo nunca podrá convertirlos. Dado que el peligro es muy grande de que si su curso no se termina, “llevarán muchas almas con ellos”, luego, “por el bien de los elegidos, el tiempo se acortará”, y el Castigo vendrá a ellos para llevarlos lejos.

Dios podría haber actuado de esa manera en cualquier momento de la historia si hubiera deseado. Incluso hay una historia del Antiguo Testamento que describe cómo el Mundo se volvió tan pecaminoso que Dios se “arrepintió” de haber hecho hombres, y envió un diluvio que ahogó a todos excepto a Su fiel servidor, Noé, y su familia, y animales de todo tipo. Le enseña al pueblo de Dios que hay un límite para la anarquía y la degradación que el Señor permitirá. Dios es Santo y es El soberano Absoluto; y así toda la creación debe reconocerlo. Debemos vivir de acuerdo con Sus Mandamientos, de lo contrario nos destruiremos a nosotros mismos y nos encontraremos con la misteriosa “ira” de Dios.

Tal vez, con El Castigo, la historia de Noé adquirirá un significado apocalíptico que el autor nunca imaginó, ya que El Castigo, como el Diluvio, puede venir a un mundo desprevenido y despreciativo para destruir su maldad, mientras que aquellos que han limpiado su corazón de El pecado y que han confiado en la Misericordia del Señor serán salvos.

Los sobrevivientes de El Castigo estarán protegidos por el Señor para la Era de la Paz, cuando la paloma del Espíritu Santo nos anuncie que el diluvio de maldad ha pasado, y podemos comenzar a vivir una vida nueva, en el momento de la conversión, cuando “todos amen Nuestros Corazones”. En los Corazones de Jesús y María, todos los hombres y mujeres en la Tierra aprenderán a ser fieles y llenarán la Tierra con amor.

El Castigo será el último de los castigos antes de la Era de Paz. La obra de Dios para traer el Mundo a Sí mismo se realizará. Antes de que el Evangelio pudiera ser “predicado a todas las naciones”, “guerras y rumores de guerras” debían venir, y se producen muchas otras calamidades. La Advertencia y El Milagro tuvieron que suceder para mostrar al Mundo entero que Jesús es El Señor, de modo que todos abandonen sus errores que hasta ahora han impedido que tantos abracen el Evangelio y la Iglesia. Solo mediante La Advertencia, El Milagro y la amenaza o la imposición real del Castigo, el Mundo, el Mundo entero, podría estar preparado para la aceptación de las Buenas Nuevas de Jesús y Su Camino.

Durante ciento cincuenta años, la Madre de Dios nos había demostrado que nuestras aflicciones estaban relacionadas con nuestros pecados; estábamos siendo “castigados” por ellos, tanto en esta vida como en la próxima. El Castigo, si llega, será la evidencia completamente convincente de que Sus palabras han sido ciertas todo el tiempo. Ya no habrá necesidad de más castigos de parte de Dios. El Castigo efectuará una transformación del Mundo que alterará para siempre la historia. Ya no será más de la forma que fue. El Mundo entero adorará a Dios y a su Hijo Jesucristo, entrará en la Iglesia y vivirán vidas dignas de Él. Una era, un “cierto período” de paz, se le otorgará al Mundo.

El Castigo no será el fin del Mundo, ni será una guerra. La Santísima Virgen les dijo a los visionarios de Garabandal que El Castigo no será una guerra. Será directamente de Dios. No será obra de la humanidad. Pero el Castigo tampoco puede significar el fin del Mundo, ya que existe una promesa incondicional de Nuestra Señora de Fátima de que se dará un “cierto período de paz” al Mundo después del Triunfo de su Inmaculado Corazón, la Consagración de Rusia a ese Corazón y la Conversión de Rusia.

Conchita dijo que sabríamos, cuando experimentemos La Advertencia, que estaríamos entrando al Final de los Tiempos. Pero eso puede no significar que el fin de los tiempos está muy cerca en la estimación humana, ni implica necesariamente que El Castigo mismo terminará con el tiempo. Después de todo, la Era de la paz se acerca de forma segura. Quizás su declaración podría interpretarse mejor como que significa que La Advertencia, El Milagro y El Castigo juntos marcarán el comienzo de la era final del Mundo.

Nadie escapará de El Castigo, ya que ninguno de nosotros escapó del Aviso. Directamente de Dios, abarcará a todos. Tanto los malos como los buenos sufrirán, porque de alguna manera todos estamos contaminados por el pecado. El Castigo invadirá todos los rincones del planeta. Muchos morirán, y Nuestra Señora recomienda que todos rueguen el perdón de Dios, y que todos los católicos se confiesen. Obviamente, esto significa que cuando El Castigo sea inminente, todavía habrá tiempo para que todos se confiesen. Sabremos de antemano que se acerca. Todos deberían estar listos para entrar en la eternidad en la Gracia de Dios, si es que sufren la muerte en El Castigo.

Por lo tanto, el Castigo no será tan selectivo como lo fue, por ejemplo, el castigo de Dios en Egipto sobre el primogénito, cuando los hijos de los egipcios murieron y los de los israelitas fueron “pasados ​​por alto”. En El Castigo ambos, buenos y malos morirán. No se da ninguna indicación sobre cuántos o qué proporción de la población mundial sobrevivirá. Pero la llegada de la “Era de la Paz” luego nos asegura que algunos de nosotros pasaremos ilesos por el Fuego del Castigo. Parecería que los que se salvan, ya sea que hayan prestado atención a El Aviso y Al Milagro o no, sin duda serán convertidos finalmente por el juicio de El Castigo. Toda persona que salga viva no tendrá otra alternativa que una nueva vida. El viejo mundo se habrá ido. Los resultados de la pecaminosidad del Mundo parecerán tan abominables que la gente querrá rechazar el pecado por completo. Un nuevo Pentecostés será posible. La Era de la Paz florecerá, la bondad del Inmaculado Corazón de María florecerá en cada corazón en “triunfo”. Todo el mundo entrará en una Iglesia reunida, y todas las naciones estarán en paz. Si llega el Castigo, nadie escapará de él, pero tampoco nadie que viva después de él dejará de compartir la Bendita Paz que renovará el Mundo.

CAPÍTULO CINCO

EL SIGNO PERMANENTE

Todavía no hemos mencionado en este libro La Señal Permanente que la Santísima Virgen prometió que permanecería en Garabandal después de El Milagro en “Los Pinos” (un bosque de nueve pinos fuera del pueblo de la punta de una tierra rocosa que sube la colina). Poco se ha revelado sobre la naturaleza de este signo. Conocemos los siguientes detalles: permanecerá en Los Pinos hasta el fin del mundo; podremos verlo, fotografiarlo y televisarlo, pero no tocarlo; nadie podrá explicarlo por medio de análisis científicos (será sobrenatural).

Nos recordará para siempre sobre el Gran Milagro, que se centrará en ese mismo lugar. Cualquiera que lo desee podrá ir a Garabandal después de El Milagro y examinar La Señal. Recordará a nuestras mentes que Dios convoca al Mundo al arrepentimiento y testificará a lo largo del tiempo que el Señor insiste en que abandonemos nuestros pecados. Debido a que permanecerá allí hasta que el Mundo termine, también insistirá con su presencia en que el Mundo realmente terminará algún día, y que Jesús vendrá nuevamente en las “nubes del cielo” “para hacer nuevas todas las cosas” y para ” juzgar a los vivos y a los muertos”.

La Advertencia, El Milagro y El Castigo deben tomarse como un evento redentor único para poder ser entendidos. La Señal será un recordatorio de los tres. La gente recordará lo que sucedió y les contará a sus hijos y nietos las grandes obras de Dios que ocurrieron allí. Después de El Milagro, este Signo comenzará su trabajo, mientras la población del Mundo está pasando por el período de desafío a la conciencia que El Milagro inducirá. La Señal estará allí en el medio confrontándonos, gritando por medio de su misma presencia: “¡Arrepentimiento!” Como lo hizo Nuestra Señora de Lourdes. No nos dejará olvidar que El Castigo seguramente vendrá, si se ignoran La Advertencia y El Milagro.

La Señal centrará nuestra atención en la verdad de que Dios ha intervenido visiblemente en esta montaña, tal como lo hizo en el Monte Sinaí y el Monte Calvario, en el Monte Carmelo y en Pentecostés en el Monte Sión, para llamar a Su pueblo a Sí mismo. Los patriarcas de la antigüedad establecieron altares y monumentos para conmemorar para siempre su experiencia de Dios en un lugar determinado, que luego se volvió Sagrado para siempre con Su venida. En Garabandal, por primera vez en la historia, el Señor mismo establece Su propia Señal en Los Pinos como un perpetuo recordatorio, de Su acto de salvación para el Mundo de hoy.

La Señal nos llama a todos a la santidad. La ardiente nube que se cernía sobre La Carpa de Reunión de los Israelitas, les recordaba continuamente que Dios estaba con ellos, llevándolos implacablemente a la santidad y a Tierra Santa. La Señal estará con nosotros como esa nube de la Gloria de Dios, para recordarnos que el Señor nos está guiando también a la santidad y a la tierra del cielo, y que no tolerará la idolatría entre Su pueblo. Solo hay un Dios, y Jesús, nacido de María, es Su Hijo Unigénito. Debemos seguirlo de regreso al Padre; No hay otra manera. Debemos escalar la montaña del Calvario que Él subió, tal como Moisés una vez subió el Monte Sinaí a la nube de fuego.

Con Jesús, el nuevo Moisés, y en Él, entramos en la nube y el fuego, para encontrarnos con Dios “cara -a- cara”. La Señal estará en lo alto de la montaña, en Garabandal, una montaña a menudo envuelta en nubes justo encima de Los Pinos La Señal nos llamará a todos: “Ven a la montaña, donde Dios habita”. Quien viaje allí será tocado por el poder en la nube, el mismo poder que puede enviar la Advertencia, el Milagro y el Castigo. La Señal interpretará la historia a la generación que la contempla, diciendo: “Solo hay un Dios, y Jesús es Su Hijo. No vuelvas a adorar a dioses falsos, de lo contrario, El Castigo vendrá de nuevo”. Si estamos tentados a ir a la guerra nuevamente, a elegir nuevamente valores y acciones que sean egoístas y pecaminosos en lugar de elegir a Dios, entonces La Señal estará allí para advertirnos que tal será el camino de la muerte. Será una “advertencia” permanente de lo que podría suceder nuevamente, si lo rechazamos. La Señal hará que el lugar sea santo sobre el que arde, llamándonos a la santidad.

La Señal señalará al Cielo. Siempre nos dirá que esta vida presente terminará algún día, y que ascenderemos, como lo hicieron Jesús y María, a una vida eterna que está más allá de las nubes y nuestro entendimiento. Nuestro destino es vivir para siempre con Dios en el cielo. La permanencia de La Señal nos persuadirá a mantener nuestros ojos fijos, no en lo terrenal, sino en las cosas celestiales. Su presencia en el centro de un Mundo renovado exigirá la santidad que el cielo conoce. Debemos evitar que lo sucedido antes vuelva a suceder, evitando el pecado y abrazando el Camino Sagrado del Cielo. La Señal nos recordará que fue por el pecado que el Mundo anterior fue destruido y rechazado. Continuará alertándonos, como lo hizo El Aviso una vez al Mundo en general, del terrible peligro que el pecado representa para nuestras vidas y felicidad. Arrojará luz sobre nuestro pecado y nos mostrará que el verdadero enemigo es el pecado: solo el pecado puede privarnos del cielo.

La Señal guardará “La Era de Paz”. El período de paz que Nuestra Señora prometió en Fátima vendrá. La duración de esa paz es indefinida; ella nos asegura que se nos dará un “cierto período” de paz. La paz puede ser derrochada por el pecado. En ninguna de las profecías de María predice que el pecado cesará después de que Dios intervenga. La lucha contra el pecado continuará, incluso hasta el Día del Señor cuando Jesús venga nuevamente para borrarlo para siempre. A medida que nacen niños que nunca han conocido la edad anterior y su degradación, ni El Aviso, El Milagro o El Castigo, ellos, como todos los demás antes que ellos, serán tentados por el pecado. La Señal les indicará, reforzando la enseñanza de sus padres, que nunca deben pecar como lo hicieron sus antepasados. De lo contrario, la paz que han heredado se perderá nuevamente, y seguramente la gente se destruiría mutuamente y traerían un final y un fin al mundo. Estos niños y sus hijos, a su vez, podrán ir a Garabandal para observar La Señal, un testimonio contra los pecados de las generaciones pasadas, una explicación de por qué el viejo mundo tuvo que terminar y por qué ahora hay paz y unidad, y una Advertencia para el futuro, que nunca más los hombres y las mujeres deben ofender tanto a nuestro Señor. Los niños de la generación actual regresarán a casa advertidos al ver La Señal permanente y su poder, porque de alguna manera iluminará sus mentes y encenderá sus corazones para conocer su propia pecaminosidad, y los llamará al arrepentimiento también, purificándolos a medida que vengan cerca de Su Gloria. La Señal protegerá la Era de Paz al ordenar a cada uno que esté en paz con su hermano y hermana, consigo mismo y con Dios. Protegerá la era venidera hasta el fin del Mundo.

EL DÍA SIGUIENTE

CAPÍTULO SEIS

EL TRIUNFO DEL CORAZÓN INMACULADO

“¡Mi Inmaculado Corazón Triunfará!” Esta profecía de Nuestra Señora de Fátima, a diferencia de la mayoría de las otras, es incondicional; sucederá y nada impedirá que suceda. El triunfo es una certeza. Lograrlo es el propósito por el cual la Madre de Dios nos ha estado visitando e importunando durante tanto tiempo. “Al final”, nos asegura, “Mi Inmaculado Corazón triunfará”. En el clímax de la batalla entre el bien y el mal, entre la Iglesia (especialmente María) y el Dragón (Satanás y sus seguidores), la bondad será totalmente triunfante sobre la maldad. La lucha habrá terminado. El Maligno será derrotado, su cabeza aplastada por Su talón. La Mujer conquistará.

El significado de El Triunfo, es la victoria sobre el pecado. En el Corazón de María, el bien ya ha triunfado absolutamente. No hay pecado en ella. Ella ya está glorificada en el cielo, intacta de cualquier forma de contaminación del mal. La victoria sobre el mal ha alcanzado la cima en su Inmaculado Corazón. La llegada de El triunfo de ese Corazón, sin embargo, debe significar más que Su propio triunfo personal. La profecía se refiere a Su triunfo que sucede en nosotros, ya que el pecado es expulsado a través del arrepentimiento y el Amor reina en el Mundo. En El Triunfo, nuestros corazones se volverán como el de Ella.

Su Triunfo es la Victoria sobre el mal en nuestros propios corazones. Esto es lo que sucede en el momento de nuestra conversión del pecado. El triunfo del Inmaculado Corazón se afianza cuando un corazón se vuelve hacia Dios con la fe y la rendición de María. Cuando decimos “Sí” a Dios, declarando nuestro “Fiat” como ella lo hizo, El Triunfo comienza en nosotros. Ella permitió que Dios estuviera todo en ella. Como Mensajera de Dios, Ella nos invita a aceptar el poder salvador de Dios que nos llama al arrepentimiento. Nuestro triunfo comienza cuando le decimos “Sí”, y crece y echa raíces más profundamente hasta ese Día en que seremos resucitados con Cristo, tal como María fue levantada en Su Asunción. El Triunfo aparecerá en la Tierra, “al final”, cuando todos en el mundo consientan en repetir el “Sí” de María dada a Dios cuando ella consintió en convertirse en Madre de Su Santo, Jesús.

El Triunfo ya ha comenzado, por lo tanto, porque muchos, en todo el Mundo, ya han escuchado los Mensajes Marianos a lo largo de los años y han tomado las decisiones que ella pidió. Han dicho “Sí” al Señor, y se unieron a María en oración y sacrificio para ayudar a salvarnos a todos y traer la Era de Paz. En algunos, este triunfo de un “Sí” lleno de fe ha estado en sus corazones durante muchos años, incluso desde la infancia. Las oraciones y la vida virtuosa de estas personas ciertamente han traído bendición y protección a una generación que no lo merece. Pero para la gran mayoría, El Triunfo parece no haber comenzado todavía. Es a estos hijos Suyos a quienes la Santísima Madre dirige sus llamamientos. Ella no quiere que se pierdan. Deben volver al Señor y serán salvos. En ellos también, El Triunfo vendrá.

Por su profecía citada anteriormente, la Reina del Cielo nos asegura que la situación actual será revertida por la intervención de Dios. Por Su gran Misericordia, por la intercesión del Inmaculado Corazón y de aquellos que se unen a ella en sus esfuerzos por cambiar el Mundo, sucederá. No solo Rusia, sino que todos en el Mundo se convertirán. María ha prometido esa conversión; La Advertencia que hemos conocido recientemente lo exige imperiosamente. El Milagro que pronto se verá en Garabandal tiene como objetivo la conversión del Mundo. El Castigo, si este llega, lo garantizará. La conversión del Mundo seguramente vendrá. El Mundo se volverá Suyo por nuestra conversión y Su intervención. El triunfo del Corazón Inmaculado llegará.

El Triunfo Glorificará a María, la Madre de Dios. Dios “desea establecer en el Mundo la Devoción al Inmaculado Corazón”. Él quiere Glorificar a Su Madre en la Tierra. Su intención a este respecto es obvia cuando consideramos las implicaciones de Su Asunción, un misterio que nos asegura que Él ya le ha dado personalmente toda la gloria que puede recibir. Él la llena de gloria a través de Jesús, Su Hijo, que tiene esa gloria como suya. El que está “lleno de Gracia y de Verdad”, el “Unigénito del Padre” “en quien descansa Su favor”, quiere glorificar a Su propia Madre al máximo, dándole a ella la plenitud de la Resurrección que Él mismo ha recibido del Espíritu Santo. Debemos apoyarlo en esta empresa. Glorificamos a María con Él. Debemos reconocer ante todos los hombres y mujeres el maravilloso trabajo que Él ha realizado en Ella, haciéndola más bella que el sol y las estrellas, más bella que la luna, coronándola a Ella Reina de todo en el vestido deslumbrante de la Luz del Señor.

La glorificaremos obedeciendo su perenne llamado al arrepentimiento, imitando su respuesta a Jesús, proclamando su nombre como Madre de Dios y Madre de la Iglesia. Dios quiere que se sepa en todo el mundo que el triunfo del bien sobre el mal está destinado a venir, y ciertamente vendrá, a través de Su Inmaculado Corazón. Ella será glorificada tanto por Dios como por nosotros en la Tierra, porque se manifestará que Dios ha obrado El Triunfo a través de Ella.

El Triunfo será un evento de Conversión, que será tan poderoso y universal que todos se verán obligados a alabar a Dios por las magníficas obras que ha realizado en Su criatura, María. El asombroso poder que posee esta Humilde Doncella mientras comparte la redención del Mundo será abundantemente claro ante todos los ojos. El Triunfo será reconocible en la conversión total del Mundo, un evento histórico de tal magnitud que hará que todos los momentos anteriores de gloria parezcan solo sombras. Dios otorgará una Gloria Inmensa a María, el Corazón Inmaculado, y entonces comenzaremos a comprender con qué gloria pretende adornarnos a cada uno de nosotros, en nuestro turno. María mostrará, en Su Triunfo, la gloria inestimable prometida a la Iglesia (a cada uno de nosotros). Nuestro destino es el mismo que el de Ella, si nos arrepentimos de nuestros pecados y buscamos al Señor con todo nuestro corazón. Nosotros también seremos glorificados por Dios con Jesús y María, y con la misma gloria del Espíritu Santo que Ellos han recibido del Padre.

CAPÍTULO SIETE

¿QUÉ ACELERARÁ EL TRIUNFO?

El Triunfo se ha retrasado. Incluso al comienzo de este siglo, una era de guerras y de gran sufrimiento, Nuestra Señora trató de dejar en claro que la paz llegaría rápidamente si la gente solo atendía Sus peticiones: “Si la gente hace lo que le pido, habrá paz”; “Si no, ¡calamidad! El Triunfo podría haber ocurrido en 1917, si hubiéramos escuchado y puesto atención. Nuevamente, en 1929, Ella vino y pidió la consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón, diciendo “ahora es el momento”. Eso fue hace más de cincuenta años. En repetidas ocasiones, nos ha suplicado y hasta ahora, El Triunfo no ha llegado. Se ha retrasado, retenido, mantenido a distancia.

Pero si se puede retrasar, seguramente se puede acelerar. Debe ser apresurado, porque el tiempo se acaba. En Garabandal, Nuestra Señora del Monte Carmelo afirmó que “ahora, están recibiendo las últimas advertencias”. Debemos apresurarnos y persuadir a otros para que se apuren. La Advertencia nos impulsa. Muchos están en peligro de “perdición”. Son nuestros hermanos y hermanas. Debemos ayudarlos haciendo todo lo posible para lograr el Triunfo del Corazón Inmaculado rápidamente.

La oración acelera el Triunfo. Acelera la transformación del corazón. Solo la oración puede provocar el proceso que produce en el corazón el tipo de santidad que se encuentra en los Corazones de Jesús y María. La oración sola abre el corazón al amor transformador del Padre. Incluso Jesús, el mismo Hijo del Padre, igual a Él en todas las cosas, tuvo que orar. Rezó tan bien que toda Su vida humana se convirtió en una oración. Debido a que Él oró perfectamente, el Espíritu Santo formó Su Sagrado Corazón en el glorioso recipiente de la Vida Divina que ahora sabemos que Él es. El mismo Espíritu está trabajando en nuestros corazones continuamente por Su gracia, de acuerdo con el grado en que nos abrimos a Él en la oración. Mientras nosotros oramos, Él actúa con poder y amor en nuestros corazones para hacerlos más como los Corazones de Jesús y María. El Triunfo se apresura en nosotros personalmente por la oración.

Nuestra Señora siempre nos recordó sobre esta actividad fundamental cuando nos visitó en Sus apariciones. Ella nunca dejó de insistir en la oración, llamando a los visionarios que la vieron en oración y transmitiéndonos a través de ellos, Su demanda de que volvamos a la oración. No hay otra forma de llegar hacia Dios.

Estamos rodeados por el amor inexpresablemente misericordioso del Padre. Estamos inmersos en el ser de Aquel que es el Amor mismo, sin embargo, de alguna manera podemos permanecer completamente inconscientes de Su presencia, si no oramos. La oración abre la mente a las realidades que nos rodean y que son la fuente de la vida eterna y la dicha. Reconoce que somos criaturas que pueden tener una profunda relación de amor con Dios cuando nos volvemos a Él en oración, y admite nuestra necesidad de Su amistad para ganar la felicidad. Acepta no solo la posibilidad, sino la necesidad de que Dios nos dé la salvación, y se rinde a la verdad de que no podemos salvarnos a nosotros mismos. Mediante la oración afirmamos que no estamos solos y que no queremos estar solos. Somos responsables ante otro que nos ama y que es nuestro Dios. Estar con Dios y dejar que Él esté con nosotros no es solo el propósito de la oración, sino el punto mismo de nuestra existencia.

La oración le permite a Dios actuar en el Mundo. Es nuestro Mundo porque Él nos ha dado dominio sobre él. Pero Él quiere que lo invitemos a su vez para ser Señor sobre él, para que Su dominio y el nuestro se compartan, como entre Padre e Hijo. Él nunca actuará en nosotros coercitivamente, sino solo con total respeto por nuestra libertad, el don que nos hace completamente humanos y más como Él. Si Él debe actuar en nuestros corazones, entonces debemos darle esa libertad al rendirnos, en fe, a Su Reinado. El reino vendrá a la Tierra solo cuando lo dejemos entrar, porque el Reino de Dios es un gobierno sobre los corazones que son libres. Solo la oración libera tanto nuestros corazones que podemos entregarlos completamente a Él y a Su Reinado.

María entiende esto bien porque lo experimentó todo en Su propio Corazón, un Corazón Inmaculado que no tiene resistencia en él a Dios. Ella está llena de amor, entregada por completo al Reino de Dios. Ella es así no solo porque Dios le dio la gracia de serlo, sino porque ella oró y dejó que el Padre siempre hiciera con ella lo que Él quisiera. “Hágase en mí según Tu palabra”, le dijo. Ella sabe, porque le sucedió a ella, que Dios derrama Su amor abundantemente en los corazones de aquellos que se abren a Él en oración. Ella entiende de Su propia vida que la oración es la respuesta a todos los males del Mundo.

Entonces ella nos lo recomienda. A menudo ordenaba a los visionarios de Garabandal que rezaran el Rosario, la oración terrenal e infantil que simboliza la necesidad que tenemos de la pequeñez. Ella le revela a Lucia de Fátima que Dios ha dotado al Rosario de un poder especial en los tiempos modernos; que cuando rezamos con el Rosario, ella escuchará nuestras oraciones. El Rosario es el elemento central del programa de oración que la Santísima Virgen urge e insta al Mundo. Pero no es la única forma de oración que ella recomienda. De los hijos de Fátima, Francisco se ve arrastrado rápidamente a una profunda contemplación mística durante y después de las apariciones, y se le da la tarea de “consolar a Dios”; Jacinta está casi obsesionada con una pasión divina por interceder por los pecadores y por el Santo Padre; Lucia permanece en la tierra durante un largo apostolado contemplativo de mantener vivo el mensaje de Fátima y difundir la Devoción al Inmaculado Corazón. Todos rezan el Rosario, pero también surgen otras formas de oración en su vida espiritual. No es tanto un tipo especial de oración lo que hace la diferencia (aunque María insiste en el Rosario), sino la oración en sí misma que es lo más importante.

La Penitencia y la Reparación también aceleran el Triunfo. Los que vieron a la Santísima Virgen fueron llamados a formas especiales de penitencia y reparación. Los sufrimientos de Santa Catalina Laboure fueron de por vida, pero en su mayoría interiores y completamente ocultos a los demás. Santa Bernadette pasó por agonías insoportables de cuerpo y mente en los últimos años de su corta vida. Los hijos de Fátima sufrieron no solo durante las apariciones, sino también después. Jacinta y Francisco abrazaron penitencias autoimpuestas que Nuestra Señora aprobó, pero que fueron muy difíciles. Ambos pequeños sufrieron un terrible dolor físico debido a las enfermedades a las que finalmente sucumbieron, primero Francisco, luego Jacinta.

Nuestra Señora los llevó al cielo, lo que ella había prometido hacer, pero no sin que ellos sufrieran por mucho tiempo “por los pecadores”. Les había preguntado en su primer encuentro con ellos si estaban dispuestos a aceptar todo el sufrimiento que Dios les enviaría por la conversión de los pecadores y en reparación por el pecado. Los tres respondieron “Sí”. A esto Nuestra Señora se unió: “Entonces tendrán mucho que sufrir, pero la Gracia de Dios será su consuelo”. Y así sucedió. Cuando regresó más tarde para anunciarles que la Primera Guerra Mundial terminaría pronto debido a sus oraciones, sabían que habían acelerado la paz. Pero fue la Oración, la Penitencia y la Reparación lo que cambió el rumbo del mal, no las armas y el poder de los hombres.

Ninguno de los mensajes dados a los visionarios es solo para ellos. Ellos, en sus experiencias con su visitante celestial, siempre nos representan de alguna manera. Algunos de los sufrimientos que soportan son excepcionales, para señalar que el sufrimiento tiene significado y poder: poder para redimir al Mundo. Deberíamos entender esto simplemente mirando atentamente a Jesús crucificado en la Cruz, pero parece que necesitamos recordar que la lección también se aplica a nuestros sufrimientos. Nosotros, los miembros del Cuerpo de Cristo Jesús, como los hijos de Fátima y los demás que vimos a Nuestra Señora, estamos llamados a la penitencia y la reparación que pueden acelerar el Triunfo y traer la Paz al Mundo.

El deber diario es Penitencia y Reparación. Nuestro Señor le contó a Lucia de Fátima algunos años después de las apariciones, de que la penitencia que ahora busca y exige de nosotros es que adoptemos los deberes diarios que tenemos ante nosotros. No exige nada inusual, pero solo que aceptamos completamente la disciplina que el deber diario implica y el dolor que incluye. Tal fidelidad acelerará El Triunfo, ya que pone en práctica lo que ha sucedido en el corazón. Podemos orar y convertirnos interiormente, pero nuestra conversión debe surgir en el cumplimiento del deber diario y en un comportamiento responsable. El amor no es amor hasta que se expresa de una manera humana. Debe ser visible en nuestras relaciones con los demás, para que sea real.

Hay una considerable penitencia en nuestras vidas cuando nos aplicamos al deber diario. No necesitamos mirar más allá de las exigencias de la vida cotidiana para descubrir el sacrificio personal y el amor. La voluntad del Padre está oculta en las responsabilidades ordinarias de cada día. Ni siquiera Jesús mismo realizó ninguna penitencia especial que sepamos. Simplemente cumplió la voluntad de Su Padre, haciendo el bien. Por Sus esfuerzos, fue crucificado, y por Su dolor redimió al Mundo. Así es con todos nosotros. La Señora no preguntó a los hijos de Fátima “¿Podrían elegir la penitencia más dura que puedas pensar para reparar los pecados del Mundo?”, Sino “¿Aceptarán todo el sufrimiento que Dios les enviará? En la vida de cada persona, Dios envía sufrimiento. Los eventos y circunstancias de cada día nos señalan el camino del amor que Dios desea que sigamos. Nuestros actos de penitencia y reparación están ligados a las pequeñas cosas, aparentemente insignificantes, que nos tiran momento a momento y nos dicen: “Esta forma de amar, esa forma de amar”.

La voluntad del Padre es evidente si estamos dispuestos a abrazar el amor y el dolor que incluyen. Hacer la voluntad del Padre en el amor es el método perfecto para acelerar “El Triunfo del Corazón Inmaculado y la Era de Paz”.

La Enmienda de la Vida acelerará El Triunfo. “Los hombres deben enmendar sus vidas”, declaró Nuestra Señora de Fátima. “Deben dejar de ofender a Nuestro Señor, que ya está demasiado ofendido”. Debemos abandonar el pecado y convertirnos en imitadores de Jesús y María si queremos lograr El Triunfo antes. La enmienda de la vida es la condición central de la Renovación del Mundo.

A menos que enmendemos y cambiemos nuestras vidas, ninguna cantidad de Oración o Penitencia traerá la Era de Paz. No habrá paz ni triunfo hasta que cambiemos. El incumplimiento de este desafío es la razón por la cual El Aviso finalmente nos ha confrontado. El pecado nos amenaza con una catástrofe. El pecado debe ser abandonado. Debemos guardar los mandamientos de Dios y renunciar a nuestros actos egoístas y rebeldes. La destrucción amenaza nuestra civilización, nuestra seguridad, nuestras propias vidas. “Ciertas naciones serán aniquiladas” si la situación actual no cambia. La enmienda de la vida es el elemento más determinante en el programa de Dios para salvarnos del desastre. Más rápido que cualquier otra cosa que podamos hacer, el arrepentimiento verdadero evitará El Castigo y acelerará El Triunfo. Debemos enmendar nuestras vidas, “porque Nuestro Señor ya está demasiado ofendido”.

La Consagración al Inmaculado Corazón acelerará El Triunfo. Sin embargo, enmendar nuestras vidas tan radicalmente es como mover una montaña. Seguramente es por esto que el Señor quiere establecer en el Mundo la Devoción al Inmaculado Corazón de María. Ella proclamó: “A los que abrazan esta Devoción les prometo salvación”. La devoción a su Corazón nos traerá las gracias que necesitamos para enmendar nuestras vidas por completo. Necesitamos considerar seriamente cómo abrazar esta Devoción y permanecer fieles a ella. Asegura nuestra propia victoria sobre el pecado dentro de nosotros. Nuestro ser dedicado a su Corazón Inmaculado acelerará el Triunfo Mundial sobre el mal que ha sido profetizado por Nuestra Señora de Fátima.

NOTA IMPORTANTE

El próximo capítulo de este pequeño libro merece especial atención.

En la visión final de Fátima, Nuestra Señora apareció como Nuestra Señora del Monte. Carmelo (como apareció en Garabandal) sosteniendo el Escapulario Marrón del Carmelo hacia el Mundo.

Cuando se le preguntó a Lucía, el porqué de esta aparición de Nuestra Señora del Monte Carmelo con el Escapulario, ella respondió: “Porque quiere que todos lo usen. Es el Signo de la Consagración a Su Inmaculado Corazón”.

En el próximo capítulo el Padre Bebie explica el significado de esta Consagración realizada a través de la Devoción Escapular sin entrar en detalles sobre el Escapulario mismo. Para obtener más información, instamos al lector a consultar un libro clásico sobre este tema titulado: La Señal de Su Corazón – Sign of Her Heart, publicado por AMI Press, Washington, NJ 077882. . . También un nuevo libro que pronto aparecerá: Su Glorioso Título – Her Glorious Title.

CAPÍTULO OCHO

CONSAGRACIÓN Y DEVOCIÓN AL INMACULADO CORAZÓN

La Consagración es una forma de Devoción. La Devoción al Inmaculado Corazón se puede adoptar de varias maneras, pero la que parece más apropiada hoy es la “Consagración”. Nuestra Señora de Fátima pidió la Consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón, y prometió que esto provocaría la Conversión de ese país. La Consagración es inmensamente poderosa, capaz de bajar Gracias del Cielo que hacen posibles las cosas imposibles. A la luz de la profecía acerca de la Conversión de Rusia a través de la Consagración, una multitud de católicos ha optado por Consagrarse al Inmaculado Corazón de María, expresando así de la manera más adecuada que conocen su Devoción a ese Corazón.

A pesar de que Nuestra Señora no exigió la Consagración Individual en ninguna de Sus apariciones, sin embargo, parecería ser el método más completo para expresar “Devoción” a Su Inmaculado Corazón y vivir esa Devoción en la vida cotidiana. Los Consagrados a Ella se deciden en sus propios corazones, a estar continuamente devotos a Ella y a llevar a cabo Sus pedidos. La Consagración es el Triunfo del Inmaculado Corazón que ocurre en sus corazones.

El corazón Consagrado está dedicado a convertirse como el Corazón Inmaculado de María: sin pecado y lleno de amor. Aquellos que viven verdaderamente su Consagración son testigos del Triunfo que ya se está dando en ellos. Han tomado la decisión de permitirse convertirse. Siguen a Jesús sin reservas. Invitaron a otros a la misma entrega sincera al Señor. Sus corazones reflejan la bondad y la calidez del Corazón de María. El Inmaculado Corazón de María, la respuesta perfecta a Jesús, se hace visible en la vida de los Consagrados a ese Corazón. *

Por estas razones, todos deberían considerar seriamente Consagrarse personalmente al Inmaculado Corazón. Quienes ya lo hayan hecho pueden testificar sobre el poder transformador silencioso de la Consagración. Ellos sienten esto porque se han encomendado por completo a los brazos protectores de su Madre, ella está continuamente presente para ellos de una manera nueva. Saben que están recibiendo Gracias que de otro modo no tendrían, porque su Madre, María Inmaculada, los está cuidando. Permiten que ella sea para ellos lo que Dios quiere que sea. Confían en que ella actúe en ellos como Madre y Reina. La conocen de una manera nueva, debido a su Consagración y entienden que estar dedicado a su Inmaculado Corazón será la garantía de su salvación.

La Consagración es una cuestión simple. Entregamos todo nuestro ser al misterio de ser motivados por María. En esto imitamos a Jesús, quien, cuando era un niño pequeño, era Suyo y que nunca le revocó este don de Sí mismo. Decimos “Sí” a María como Él lo hizo. Creemos que Dios obra poderosamente a través de Ella y que nos estamos rindiendo a ese poder a través de Su Corazón. La Consagración se puede expresar de manera más concisa al afirmar que es lo mismo que decir “Sí” a María, el Inmaculado Corazón, tal como lo es Ella, y tal como Dios nos la da. Aceptamos el regalo de Ella, que Jesús nos dio, cuando dijo desde la Cruz al “discípulo amado”, “Esta es tu Madre”. “La llevamos dentro de nosotros”, es decir, a todo lo que tenemos y somos.

No le atribuimos más, ni menos a Ella, que Dios mismo no le atribuya. Desde que la convirtió en Su Madre reconocemos esto. Reconocemos también que Ella es nuestra Madre porque Él nos la concedió cuando El murió en la Cruz. Ella reina con Él; Dejamos que Ella reine sobre nosotros. Ella no tiene pecado y nosotros aspiramos a ello, estar sin pecado también. Ella está llena de amor y queremos ser como ella. Nos Consagramos a todas estas verdades acerca de María al Consagrarnos a Su persona. Nos relacionamos con Ella tal como Dios le ha revelado que es, y no le ocultamos nada de la gloria que Dios mismo le ha otorgado.

La Consagración se abre totalmente al poder inconmensurable de Dios que viene a través del vaso del Corazón Inmaculado. Ella es uno de los Secretos de Dios, uno que nunca podremos comprender por completo: el amor y la gracia sin medida nos alcanzan a través de la más pequeña, María. Los más humildes, los más pobres, son siempre los elegidos. Los más humildes y sin pretensiones son los más propensos a ser señalados por el Señor como canales de Su Poder. La Consagración al Inmaculado Corazón vive en este tipo de fe. Cree que Dios puede hacer Sus obras más poderosas a través de alguien tan simple y débil como María, la Virgen de Nazaret. Ella no es Dios, sino uno de nosotros, que comparte nuestro estado humano y nuestra impotencia. Sin embargo, Ella está llena de la fuerza de Dios como las vasijas de agua de Caná, desbordados por el poder de Dios con el mejor vino para la boda.

Ella derrama este Vino de Gracia para los demás. Ella nos lo da a beber a través de Su Amor y Oración. Ella comparte la mediación de Cristo. Esto no debería causarnos vergüenza. Nosotros, los miembros de Su Cuerpo, meditamos en la misma Gracia de Cristo cuando bautizamos, perdonamos, intercedemos, amamos. Pero en Ella no existe el impedimento para compartir la Gracia de Dios, impedimento que nos pertenece debido a nuestra pecaminosidad. En Su caso, debido a que es Inmaculada (sin pecado), el Espíritu de Jesús se precipita sobre nosotros a través de Su Corazón con tal plenitud exuberante que no hay nada más allá del ámbito de Su influencia. La Consagración reconoce su Reinado Universal con Cristo y lo acoge con satisfacción.

La persona Consagrada al Inmaculado Corazón se ha sometido voluntariamente al plan de Dios para actuar a través de María, y se deleita en la alegría de haber tomado esa decisión. La Consagración es un acto de humildad, por el cual nos inclinamos como Jesús cuando lavó los pies de Sus discípulos. En la pequeñez que admite de sí misma, abre el corazón humano a los milagros de transformación. Acelera la reforma de los corazones en todo el Mundo. Acelera el triunfo y la era de paz. Evita El Castigo aprovechando la Misericordia de Dios, viniendo a través de la Madre de la Misericordia. Acorta el tiempo de La Tribulación, incluso desviándolo. La Consagración nos asegura la salvación y nos da poder para interceder más fervientemente y con mayor eficacia por la salvación de los pecadores. Es el ingrediente más necesario del plan de Paz de Nuestra Señora, y se apresurará a Su cumplimiento.

* Esta es una hermosa explicación de la Devoción del Escapulario del Monte Carmelo. Vean el libro: La Señal de Su Corazón – Sign of Her Heart, AMI Press, Washington, NJ 07882.

CAPÍTULO NUEVE

LA ERA DE PAZ

“Si la gente hace lo que le pido, habrá paz”. Estas palabras de esperanza pronunciadas por Nuestra Señora de Fátima precedieron a una larga letanía de desgracias que predijo que llegarían al Mundo si Sus pedidos no se tomaban en serio. Es imperativo darse cuenta de que Su afirmación aún se mantiene: definitivamente habrá paz, si la gente hace lo que Ella les pide. Si, incluso ahora, durante las “últimas advertencias”, respondemos con arrepentimiento, dejando que nuestros corazones sean limpiados del pecado por la Gracia perdonadora de Dios, de hecho habrá paz: paz primero en el corazón de cada persona, luego en todo el Mundo en la sociedad, iniciando una Era de Paz, que ella profetizó que inevitablemente llegaría.

Si hubiéramos escuchado al principio, o en cualquier momento a lo largo de los años que ella nos estaba manifestando, que podríamos haber evitado las “guerras, el hambre, la persecución de la Iglesia y del Santo Padre”. Muchas personas buenas se habrían salvado del martirio, el hambre no habría devastado a las naciones, Rusia ya se habría convertido y nunca habría podido “difundir sus errores en todo el Mundo”, la Segunda Guerra Mundial nunca habría sucedido. Pero estas aflicciones sí tuvieron lugar. ¿Se ha perdido la paz para siempre? ¿Se destruirá la raza humana con la guerra nuclear global? ¿Es la paz un sueño, o una ilusión?

Al final, Mi Inmaculado Corazón triunfará. . .y una Era de Paz se le dará al Mundo “. Esta promesa es incondicional. La paz se acerca. Será la paz que Jesús da, no la que da “el Mundo”. La gente finalmente hará lo que ella le pida, y habrá paz. La paz, y la era de paz, seguramente está en camino. No es una ilusión creer en esto. La Madre de Dios lo ha predicho. A pesar de las consideraciones y dudas humanas, fracasos y pecados, guerras o castigos, su profecía se hará realidad “al final”.

La Era de Paz aguarda El Triunfo. No es posible medir el tiempo que queda antes de que llegue la paz, ya que la llegada de la paz depende de que El Triunfo ocurra en nosotros de antemano. Primero debemos tener en nuestros corazones la impecabilidad del Inmaculado Corazón antes de que pueda llegar la paz. El arrepentimiento debe encaminar el pecado antes de que cualquier paz pueda ser nuestra. El Amor debe anular cualquier otra consideración, reconciliándonos a todos con gentileza, antes de que podamos ver venir la paz. Las familias y los barrios, los pueblos y ciudades, los países y las naciones deben reconciliarse antes de que pueda haber paz. Por encima de todo, los cristianos deben reunirse nuevamente en un Cuerpo que es la Iglesia, antes de que la paz pueda descender sobre nosotros desde el Cielo. Y la paz debe ser del Cielo. Nuestra Señora se refirió a esto asegurándonos que la paz “será dada” al Mundo. Vendrá de Dios.

Así, la Era de la Paz debe esperar hasta que El Triunfo se complete. Ya ha comenzado en aquellos que han escuchado el mensaje de Nuestra Señora y han cambiado sus vidas, luchando diariamente por ser santos y agradables a Dios, buscando imitar el Inmaculado Corazón de María con sus propios corazones. La Advertencia ya ha arrancado a millones de sus pecados; especialmente en ellos, El Triunfo está ganando terreno. El Milagro confirmará su decisión en ellos y convertirá a muchos más para seguir a Jesús. La gracia del arrepentimiento que fluye de estos eventos bien puede hacer avanzar El Triunfo para que El Castigo nunca suceda. Pero la Era de Paz no llegará hasta que el Triunfo del Corazón Inmaculado sea tan completo que los corazones de todos nosotros ya se hayan convertido a la paz. La paz es un regalo para el corazón, y si un corazón está en paz, puede regalar paz. La paz en mí puede hacer del Mundo que me rodea un lugar más pacífico para los demás. Por mi paz, estoy listo para tener una relación amistosa con todos los que conozco. Las naciones pacíficas están formadas por personas pacíficas que han elegido la paz como una forma de vida para sí mismas. No puede haber guerra entre naciones llenas de hombres y mujeres pacíficos. Un corazón transformado por la propia paz interior puede darle al Mundo la paz que el mundo no puede obtener por sí mismo. Son aquellos que comparten, a través del arrepentimiento y la conversión, la paz de Jesús, aquellos quienes inaugurarán la Era de Paz prometida a todos nosotros. Por estas razones, debemos esperar, no sabemos cuánto tiempo, para la Era de Paz. Puede ser acelerada por las personas de paz, retrasada por las personas que rechazan la paz y abrazan el pecado. Solo sabemos que ciertamente vendrá, esta misteriosa “paz”. El Inmaculado Corazón lo ha prometido.

La Era de Paz puede llegar muy pronto. Podemos esperar un breve intervalo entre El Milagro y La Era de Paz, y que El Castigo no intervendrá. Si es que el Mundo se convierte rápidamente por los maravillosos eventos que hemos comenzado a experimentar en El Aviso o Advertencia, es posible que la Era de Paz llegue rápidamente. Después de todo, “nada es imposible con Dios”. Quizás la gran ola de oración intercesora que surgirá en los fieles por la Conversión del Mundo será tan efectiva que la Era de Paz llegará sin demora. Pero tenemos que admitir que también es posible un intervalo más largo, incluso mucho más largo, y tal vez más probable (dado nuestro historial de respuesta tan pobre a los mensajes), y que pueden pasar muchos años difíciles antes de que El Triunfo se complete y La Era de Paz comience. Simplemente no tenemos conocimiento de cuánto tiempo pasará, después de El Milagro, para que se nos otorgue La Era de Paz. De hecho, la paz puede aparecer solo después de El Castigo, que Dios seguramente no estará ansioso por vernos sufrir. Podemos tener la esperanza de que la Era de la Paz llegue pronto, de modo que a través del arrepentimiento no sea necesario un castigo para traer la paz. Que la paz del Señor esté con todos nosotros por la intercesión de María, Madre de Dios. “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora”, en nuestros tiempos, para que podamos conocer nuevamente la Paz Mundial, en el Corazón de Jesús y en tu Inmaculado Corazón.

LOS NUEVOS TIEMPOS

CAPÍTULO DIEZ

“TODOS AMARÁN NUESTROS CORAZONES”

El Mundo entero se convertirá. Para la mente que literalmente no cree que “nada es imposible con Dios”, la oración anterior parecería completamente absurda. Sin embargo, esto es lo que Nuestro Señor le aseguró a Conchita que sucedería cuando ella le preguntara el propósito de El Milagro en Garabandal. Sería, Él le reveló a ella, no solo por la Conversión de Rusia que El Milagro sería obrado por el Señor, sino por la Conversión del Mundo entero. Luego, para indicar que esta conversión en realidad sería provocada por El Milagro, declaró más adelante: “Por lo tanto, todos amarán Nuestros Corazones”. Jesús le dijo a Conchita que por El Gran Milagro en Garabandal todo el Mundo: “todos” (todos) —Se convertirán. La evangelización, la tarea que Jesús entregó a la Iglesia cuando Ascendió al Cielo, finalmente se realizará universalmente. El Mundo entero se convertirá en Iglesia.

La Conversión Mundial ha sucedido antes en la historia. Dos veces antes, un “mundo entero” (como sus habitantes pensaban que era) se habrían convertido. El Mundo Mediterráneo en los primeros siglos de la misión de la Iglesia cambió completamente por la predicación del Evangelio. Otro mundo, el Nuevo Mundo de América Central y del Sur, fue evangelizado con extrema rapidez cuando Nuestra Señora “de Guadalupe” se le apareció a Juan Diego, un humilde indio recién convertido. Su testimonio sobre su encuentro con la Madre de Dios, junto con la imagen milagrosa que ella misma imprimió en su capa, condujo a toda la gente de Dios en ese país pagano a la Iglesia. La conversión de México tardó solo siete años a partir de entonces, ya que se convirtieron ocho millones. Toda América del Sur siguió el mismo curso, de modo que hoy casi la mitad de los católicos bautizados en el Mundo viven en ese “Nuevo Mundo”.

Una Tercera Evangelización Mundial está a punto de invadirnos. Pero esta vez no será solo un segmento de la población mundial, pensando en sí mismo como un mundo separado, que recurrirá a Él y será salvado. El Aviso ha abierto a cada nación y a cada persona en la tierra al Evangelio. El Milagro los atraerá hacia la Iglesia. Estos eventos apocalípticos harán incuestionable que Jesús es verdaderamente Señor y que debemos entrar en Él y en Su Iglesia para ser salvos.

La Iglesia se está preparando. El Señor ha estado preparando a su Iglesia para el mayor de sus esfuerzos misioneros, la evangelización del Mundo Moderno. El Concilio Vaticano II alteró irrevocablemente la dirección de la Iglesia Católica, convocándonos a nuestro fervor primitivo y raíces bíblicas, trazándonos un nuevo curso que tiene como destino la Conversión del Mundo Entero. Los Padres del Concilio hablan no solo a la Iglesia misma reunida en torno al sucesor de San Pedro, el Papa, sino a nuestros “hermanos separados” de las otras Iglesias cristianas, y también al Mundo que no es católico ni cristiano. Los obispos rompen las barreras al diálogo al dirigirse en el Concilio incluso a aquellos que nunca han escuchado la Palabra de Cristo. Su actitud re estimula en nosotros la creencia de que la Palabra de Dios todavía tiene todo el Poder y la Vida que necesita para redimir a las masas de la humanidad. Los obispos del Concilio asumieron la responsabilidad, a partir del mandato de Cristo, de predicar el Evangelio a todas las naciones sobre la faz de la tierra. Durante siglos ha habido obstáculos insuperables, políticos, económicos, culturales y de otro tipo, para esta empresa. Pero hoy, muchas de las fuerzas que alguna vez fueron antitéticas para evangelizar se están desmoronando. Debido a los avances tecnológicos modernos, las mejoras en las comunicaciones, la cooperación política entre muchas naciones, los recursos multinacionales y otros desarrollos, avanzamos rápidamente hacia la unidad geopolítica. Una unidad similar era característica del Mundo Romano en la época de Cristo y la Iglesia apostólica. Durante unos trescientos años, el Mar Mediterráneo fue considerado un “Lago Romano” a través del cual misioneros como San Pablo tenían libre acceso a todo el Mundo Civilizado que conocían y a todos sus centros de población. La “Pax Romana”, o “Paz Romana”, reinó bajo los Césares. No sin dificultad, pero bendecidos por la situación mundial, la gente del Imperio Romano, esclavo y libre, rico o pobre, plebeyo, noble, emperador, eventualmente todos, ingresaron a la Iglesia a través de la predicación de los Apóstoles de esa época. Dios había preparado el Mundo, en la plenitud de los tiempos, para el misterio y el poder de las “Buenas Nuevas” de Jesucristo. Con la fuerza y ​​la guía indomables del Espíritu Santo, la difusión del Evangelio y la Iglesia tuvo un éxito total.

Hoy la Iglesia Católica mira hacia su futuro con una nueva conciencia de su llamado a Evangelizar. No solo un reciente Sínodo de los Obispos (1974) manifestó su compromiso hacia ello, sino que desde la base, entre los católicos en particular, se está haciendo evidente un nuevo entusiasmo por proclamar el Evangelio en todo el Mundo. Dios está preparando a su Iglesia para la gran era de la evangelización que está por aparecer.

El Mundo entero será Evangelizado. Las Apariciones Marianas, especialmente las de Fátima y Garabandal, invitan a la raza humana al arrepentimiento y la salvación. Nuestra Señora de Fátima declaró que una Era de Paz sería “dada al mundo”. En Garabandal, Nuestro Señor prometió “la Conversión del Mundo entero”. La Era de la Paz, El Triunfo del Corazón Inmaculado y la Conversión de Todo el Mundo se predijo como un futuro incondicional y definitivo. Los tres implican la Evangelización del globo terráqueo.

Pronto comenzará una Era de Evangelización, y para nosotros, que somos Su Iglesia, Él todavía nos manda: “Id por todo el Mundo y predicad el Evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15). Debemos prepararnos para esto, la mayor de las obras de Dios en la historia. El Padre nos enviará, a Sus pequeños, a los cuatro rincones de la tierra para llevar las buenas noticias a todos.

La Advertencia prepara a la Iglesia. Es la preparación más convincente que el Señor podría habernos dado para la próxima Era de Evangelización. Por la Advertencia, Dios exige que enfrentemos nuestra pecaminosidad, que siempre fue el mayor obstáculo para la difusión del Evangelio, y que nos arrepintamos. Debemos ser purificados. La Advertencia también nos revela que nuestros tiempos son únicos, a diferencia de otros tiempos, y que está amaneciendo una nueva era para la que debemos estar preparados. Ha habido “guerras y rumores de guerras”, y hemos tenido la tentación de entrar en pánico, como si el final estuviera cerca. Pero Jesús nos dice: “ese aún no es el fin” (Mateo 24: 6).

Esta buena noticia del Reino será proclamada a todas las naciones. Solo después de eso vendrá el fin” (Mateo 24:16). ¿Podría ser que se estaba refiriendo a la Era de la Evangelización que hemos estado describiendo? Para un sacerdote con quien ella estaba hablando sobre las profecías de Garabandal, Conchita declaró: “Cuando veas la Advertencia, sabrás que hemos abierto el fin de los tiempos”. Esta afirmación se ofrece como su propia opinión; ella no está citando directamente a Nuestra Señora. Pero en otras ocasiones ella ha insistido en que estamos cerca del “fin de los tiempos”. Lo menos que podemos inferir de estas declaraciones es que si son precisas en su evaluación de nuestro momento histórico, una época grande y final está a punto de comenzar: La Era de Paz y la Era de la Evangelización. La Advertencia es el “signo de los tiempos” que nos anuncia el “Nuevo Tiempo”, el período de la historia en el que Dios actuará con mayor poder que nunca para llevar el Evangelio, a través de Su Iglesia, a cada criatura. Todos vendrán a amar los Corazones de Jesús y María, y el Amor Reinará en el Mundo. La Advertencia fue el primero de estos actos de poder. Nos está preparando a todos nosotros, para la Era de Gloria que se acerca.

La Iglesia será reunida. Una y otra vez, los obispos que asistieron al Sínodo sobre la Evangelización en 1974 expresaron su convicción en discursos a ese augusto cuerpo de que, a menos que la Iglesia vuelva a ser una, es inútil esperar que se desarrolle la evangelización del Mundo. Nuestra desunión es un escándalo evidente y una contradicción con las demandas del Evangelio. La Santa Iglesia Católica debe volver a ser una, para poder ser reconocida por las naciones como la Iglesia que Jesús estableció. La unidad es su característica distintiva. Pero nuestra pecaminosidad común nos ha llevado por el mal camino; La historia registra ruptura tras ruptura en los hilos que tejen la túnica sin costuras de Cristo. La unidad, unidad verdadera y plena, debe alcanzarse una vez más antes de que la Evangelización del Mundo pueda considerarse probable.

Tal unidad tiene que ser un regalo del Señor. El Papa Juan Pablo II ha hecho afirmaciones en este sentido varias veces al referirse a la condición dividida de las iglesias de hoy. Su convicción de que la unidad debe venir de Dios como gracia y favor, se expresó en su invitación a los líderes del Mundo Cristiano a viajar a Roma para el domingo de Pentecostés de 1981 (7 de junio) para orar primero al Espíritu Santo por la unidad, en lugar de inmediatamente “discutir nuestras diferencias” (sus palabras).

Dios está decidido a reunir a Su Iglesia. El dolor más insoportable que sintieron los miembros de todas las Iglesias Cristianas en el día de La Advertencia fue, ver el daño que nos hemos hecho mutuamente al no permanecer en un solo corazón y una sola mente. A estas alturas, el Mundo entero se habría convertido en cristiano, y muchos salvos de la perdición en siglos pasados, si hubiéramos seguido siendo fieles el uno al otro. La Advertencia nos ha hecho conscientes de la enormidad de este pecado corporativo del que todos somos culpables hasta cierto punto. Requerimos una profunda renovación del corazón para revertir esta división y abrazar la unidad católica completa a la que el Señor nos dirige ahora. No solo los llamados “no católicos”, sino también los católicos, el Señor nos presiona para que dejemos de lado nuestros preciados prejuicios. Nuestra dureza debe derretirse para que todos los corazones fluyan juntos hacia una unidad compacta.

La Conversión de Rusia será el punto de inflexión para la reunión de todos los cristianos. Es requerido por el Señor, de acuerdo con los mensajes de Fátima, que la Consagración de ese país al Inmaculado Corazón sea promulgada por el Papa en unión con todos los Obispos del Mundo. La promesa de que Rusia se convertirá por esta acción no dejará ninguna duda, después de que la conversión siga rápidamente, que sucedió 1) por la intercesión del Inmaculado Corazón, y 2) por la autoridad del Papa y los Obispos; establecerá ante todos los ojos la enseñanza tradicional de la Iglesia Católica sobre el Papa y María.

Para muchos será desconcertante que el Papa, la autoridad de la Iglesia que ata y desata (a través de él y los otros obispos), y el poder de María como canal de intercesión y gracia muestre, que no es el problema que impide la unidad cristiana, sino más bien la solución al problema. Dios pondrá nuestras presuposiciones sobre sus cabezas. La unidad vendrá porque Dios lo quiere, porque ha establecido la forma en que se logrará, y porque Él, no nosotros, es el dador de la Unidad.

La nueva Iglesia será humilde. Nos reuniremos de nuevo en el perdón mutuo. Cualesquiera que sean los dones del Espíritu que una iglesia en particular haya recibido o redescubierto, los compartirá con gusto con los demás. Toda la Iglesia se enriquecerá si todos volvemos a estar juntos en un solo Cuerpo. Se convertirá en una Iglesia totalmente empoderada, en cada miembro, evangelizador, apóstol, predicador, sirviente. No solo habrá apóstoles elegidos que saldrán a las carreteras y caminos para esforzar a los demás a entrar; todos se darán cuenta y llevarán a cabo la misión que se nos ha dado a todos: “¡Predicar el Evangelio en todas partes!” Será una época de conversión como ninguna otra. Toda la Iglesia, reunida nuevamente por su propia conversión en unidad, se volverá hacia afuera para traer la cosecha, al acecho, lista para cosechar.

La Iglesia reunida será el Signo de la Evangelización. A pesar de que La Advertencia, El Milagro y El Castigo (si este viene) serán Signos para todo el Mundo, se nos han dado para centrar nuestra atención en la Gran Señal de la Iglesia misma, reunida por el Espíritu, de donde debe venir la salvación. . Es porque hemos sofocado su testimonio con nuestros pecados que El Aviso y El Milagro se han vuelto necesarios. Los prodigios y las maravillas nos alertan sobre dónde se puede descubrir el misterio de la Iglesia. Para señalarnos hacia la Iglesia, Dios ha determinado que El Milagro coincidirá con un importante evento eclesiástico. El Milagro tendrá lugar un jueves por la noche a las 8:30, para recordarnos que encontramos la unidad en la mesa de la cena de la Iglesia, porque la Sagrada Eucaristía se fundó en ese día y a esa hora de la noche. El Milagro sucederá en la fiesta de un Mártir de la Iglesia, enfatizando nuevamente que fue en unidad con la Iglesia que este Santo Mártir dio su vida con tanto amor. La cabeza visible de la Iglesia, el Papa y los Obispos, jefes de la Iglesia en sus diócesis y Jerarquías, y son, personalmente, Signos Sacramentales de la unidad de la Iglesia que son llamados por su Ministerio para proteger nuestra unidad.

El Milagro es lograr la Conversión de Rusia y del Mundo entero; de alguna manera estará vinculado con la Consagración colegial de Rusia al Inmaculado Corazón. La conexión de esta acción de los obispos católicos unidos con el Papa convencerá a aquellos de nosotros que lo dudamos de que el poder de Dios está con la Iglesia unida a ese cuerpo, y esto nuevamente nos conducirá hacia una verdadera unidad católica con ellos. Dios quiere que aceptemos nuevamente a la Iglesia como un testigo creíble de Su verdad, y para este fin Él hará estas maravillas para persuadirnos de buscarlo con Su Iglesia Verdadera y a través de ella. Es Su forma de redimirnos, la forma “encarnada”, mediante la cual nos da el uno al otro para que podamos encontrarlo a Él, a través de los demás.

Debemos permitirnos ser llevados a esa Iglesia y ser guiados por ella. Su Cuerpo es la Iglesia, con todos los Dones del Espíritu Santo como su patrimonio, sin excluir al Papa, la autoridad y la enseñanza de la Iglesia, los obispos y sacerdotes, María, la Sagrada Eucaristía y los demás sacramentos, incluida la Confesión y el Matrimonio Indisoluble. Reunida en la plenitud de sus dones, la Iglesia brillará como el sol ante las naciones. Verán que solo ella ofrece y puede dar la salvación, y todos fluirán hacia esa Ciudad Celestial desde todos los rincones de la tierra.

La Iglesia vive en el tiempo, y tomará tiempo para que la Conversión del Mundo tenga lugar y para que se complete la Evangelización. Dios puede atravesar el tiempo como lo hizo durante La Advertencia, pero la difusión del mensaje depende ordinariamente, incluso después de un prodigio como La Advertencia, del Ministerio de la Iglesia en el tiempo. Tiene que haber, por lo tanto, una Era de Paz, para permitir que se desarrolle la Evangelización. El Mundo no será llevado a la Iglesia de la noche a la mañana, ni sin lucha, persecución, dificultades y dolor. No todo el Mundo ha sido tan renovado por El Aviso que todos abrazarán de inmediato la fe Cristiana. Las iglesias locales necesitarán la oportunidad de unirse y madurar por completo, lo suficientemente fuertes como para participar en el trabajo de la Evangelización. El proceso que comenzó en Jerusalén y Antioquía hace más de diecinueve siglos atrás, tendrá que repetirse, esta vez en todo el Mundo. Primero debe florecer un sistema bien desarrollado de instrucción, catequesis, cuidado pastoral y apoyo mutuo, para hacer reconocible la Iglesia donde todos puedan encontrar la salvación. La Iglesia debe estar debidamente organizada para Evangelizar al Mundo, y el Mundo puede dudar en rendirse de inmediato a las demandas de vivir todas las implicaciones del Misterio de la Iglesia. La conversión completa del Mundo por la Iglesia recién reunida requerirá mucho tiempo. Nosotros mismos necesitaremos de la Era de Paz.

¿Cómo será la Iglesia de la Era de la Paz? La profecía dada en Garabandal que crea la mayor curiosidad concierne al Papa actual. Conchita nos dice que Nuestra Señora reveló que “Habrá solo dos Papas más después de Pablo VI, pero eso no significa el Fin del Mundo”. Esta difícil predicción implica que durante los últimos años de la historia restantes antes de la Segunda Venida de Cristo, La Iglesia no tendrá Papa. ¿Será también esta la Era de la Paz? ¿O será la Era de la Paz tan corta que este Papa actual, Juan Pablo II, quien según la profecía es el último, vivirá hasta el final de ella, cuando la persecución comience nuevamente y solo quede un corto tiempo antes de que el Mundo termine? ¿O puede significar que se adoptará una forma de unidad de la Iglesia donde la oficina Petrina será ejercida por más de una persona o por un colegio de Patriarcas, algo similar a la forma de la Iglesia Ortodoxa? El significado de las palabras de María es oscuro, pero ella vincula esta profecía sobre el último Papa con el “fin de los tiempos”.

Quizás el propósito de la Santísima Virgen al revelar esta predicción inusual es, prepararnos para cambios organizativos sin precedentes en la estructura de la Iglesia del futuro. El reencuentro y la Evangelización Mundial requerirán una enorme alteración de las actitudes y los métodos para realizar las tareas en cuestión. Aparentemente, la Iglesia será muy diferente de la que estamos acostumbrados ahora, y a años luz de distancia de la Iglesia como era antes del Concilio Vaticano II.

Conclusión

Este libro ha sido escrito para preparar las mentes para los eventos por venir. Durante más de veinte años, las revelaciones de Garabandal se han mantenido en duda y confusión, a través de circunstancias fuera del control de cualquiera de nosotros. Esta situación estaba en el plan de Dios, y fue predicha por Nuestra Señora misma en Garabandal. Pero ahora El Aviso ha confirmado todos esos eventos y ha disipado la niebla que se cierne sobre las apariciones que ocurrieron allí. Sus palabras y lecciones en ese pequeño pueblo de montaña también reafirman y autentican las Apariciones Marianas del pasado, y las vincula a todas en un notable tapiz de Profecías, que destacan los años que estamos pasando como los más importantes de la historia. Ella nos ha dado las “Últimas Advertencias”, y sabemos que estamos viendo el “Fin de los Tiempos”. Estamos en el umbral de una nueva era, una Era de Paz, un tiempo de Evangelización sin comparación.

Dios está haciendo todo para prepararnos. Este libro ha intentado enfocar los elementos más básicos del mensaje que la Madre de Dios ha estado trayendo al Mundo por más de ciento cincuenta años.

Dios mismo ha comenzado, mediante El Aviso, a aclararnos dramáticamente que lo que María ha proclamado ha sido cierto todo el tiempo. Todos podemos ver por nosotros mismos lo que Dios está haciendo, porque Él está haciendo sus obras aparentes. Nadie puede mantener sinceramente, de ahora en adelante, que no hay un Dios o que Él no tiene poder. Estamos experimentando Su Juicio sobre nuestro Mundo, que se ha alejado tanto de Él. En Su Misericordia, ahora nos da la oportunidad de volver a Él antes de que sea demasiado tarde.

Ahora debemos esperar a El Milagro, que seguramente se producirá dentro de un año a partir de la fecha de El Aviso. Eventualmente convertirá al Mundo entero. Un Nuevo Mundo está naciendo. Hay guerras y rumores de guerras, pero no debemos entrar en pánico, porque “el final aún no ha llegado”. Hay una Era de Paz que se extiende ante nosotros. Debemos alcanzarla, agarrarla y dársela a uno y al otro. No podemos demorar más. El tiempo es ahora.